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Gómez Mont; historia, PAN y ajedrez

Publicado el Lunes 10 de Noviembre de 2008Comenta esta información
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Édgar Félix / El presidente Felipe Calderón andaba extraviado. Estaba gobernando con la pubertad blanquiazul, bien o mal, hasta que le sacrificaron a su alfil. Ahora voltea hacia donde tuvo que hacerlo cuando llegó a la Presidencia: al PAN histórico, hacia los líderes de ese partido, hacia la estructura que no sólo está fraguada en las lides sino que conoce el enramado del poder en México. Al nombrar a Fernando Gómez Mont, garantiza, desde ahora, un gobierno con poder, indudablemente, y no un gobierno castrado por la inexperienia como hasta hace poco.

México no está para más experimentos, ya con los seis años de Zedillo, luego con el paréntesis del periodo de las botas foxistas y estos dos años de jugar a ser el grande, hemos tenidos bastante. Con la llegada del nuevo secretario de Gobernación, Gómez Mont, las aguas turbias del periodo de inexperiencias deben alcanzar niveles normales y no esa sensación de ahogo. No por un acto divino o por la gracia de algún chamán azteca, sino porque los panistas que llegan con Gómez Mont conocen códigos, formas, grupos, intereses y demás factores que un líder no puede ignorar. De otra manera, seguirían jugando un complicado partido de ajedrez a ciegas o sin saber cómo mover los peones. El gobierno de Calderón está con jaque mate y sólo este enroque podrá proteger no caer del jet imaginario sobre Los Pinos.

Gómez Mont, con seguridad, pertenece a esa estela política fraguada en el debate, los argumentos, la información y, sobre todo, la inteligencia de negociar. Un político, parafraseando a los dinosaurios, que no sabe negociar, podría tener un accidente o tropezarse al primer escalón. Con él, no sólo se reincorpora una corriente de panistas con las que el presidente se divorció desde 1994 cuando Diego Fernández de Cevallos fue postulado como aspirante a la Presidencia, sino que ahora sí, el PAN llega a la Presidencia, en el amplio y extenso sentido político. Este, es el proyecto de Luis Héctor Álvarez, el de Castillo Peraza, el de la vieja guardia panista que ninguneó Fox y, por alguna circunstancia de visión, el mismísimo Calderón Hinojosa.

Fernando Gómez Mont no es inocente. Tampoco es un político nuevo. Tampoco Gómez Mont no es ese tipo de secretario de Estado que se sienta a ver cómo trabajan sus subalternos por él ni que se rodea de expertos para saber qué hacer en las crisis de estabilidad o que se echan a correr apenas les levantan el machete en Atenco. Es de esos políticos, al menos lo demostró cuando estuvo como legislador, prácticos y negociadores, que conocer sus circunstancias y saben quiénes son sus detractores. Si Calderón escogió jugar una guerra, no puede meter inocentes al frente porque se los convertirán en mártires, sino a generales que saben de dónde viene el fuego amigo.

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