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Ingrid Betancourt y Lucía Morett; dos historias de las FARC

Publicado el Viernes 19 de Diciembre de 2008Comenta esta información
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luciamorettMontserrat G. Mancera / Hay dos historias que se gestaron alrededor de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en este año, tan contrastantes como el agua y la arena. La primera comienza un primero de marzo, con el ataque a un campamento de las FARC, en Ecuador. El ejército colombiano localizó y bombardeo el centro de operaciones donde se encontraba un alto mando de esta guerrilla, Raúl Reyes.  La bomba informática en México fue detonada por la presencia de los estudiantes mexicanos que se encontraban en aquel campamento. Todos perdieron la vida, excepto una, cuyo nombre se ha convertido en protagonista de esta historia: Lucía Morett.


“Ingrid Betancourt, eufórica y exultante, aún seguía conmocionada por lo vivido esos primeros días de julio. Tenía, todavía, el deseo en un lugar y la conciencia en otro. El shock sufrido hacía comprensible su estado”.

La segunda historia es protagonizada por Ingrid Betancourt, quien después de un prolongado cautiverio, ha recuperado su libertad junto con otros rehenes de las FARC, en un operativo “limpio”  sin balas, como la misma Ingrid lo declaró. Las fotos de su rescate, del encuentro con familiares y amigos, han dado la vuelta al mundo. Ingrid pugna por la liberación de otros secuestrados de la guerrilla y por la paz de Colombia. Un milagro podría considerarse, después de ver el video en donde Ingrid está totalmente destruida física y moralmente.

Los caminos que recorrieron ambas fueron distintos. Para Morett fue el asilo en Nicaragua, donde se le ve sonriente a un lado del presidente Daniel Ortega (quien por cierto, fue acusado por su hijastra América de abuso sexual, caso que ha llegado a instancias internacionales por razones del mal ejercicio de justicia aquel país), Morett levantando el puño y cantando el himno del Frente Sandinista; mientras en Ecuador se gestaba una averiguación previa sobre Morett y lo que hacía en el campamento. Durante las entrevistas, aseguraba que ella no regresaría a México mientras no se dieran las condiciones que garantizaran su seguridad y su integridad física.

Mientras tanto, Ingrid se reunía con mandatarios, cantantes y demás personalidades que encontraron en ella un espíritu recuperado, después de un cautiverio en el que se incluían cadenas y malos tratos, como ella misma lo ha relatado. “Ingrid, eufórica y exultante aún, seguía conmocionada por lo vivido esos primeros días de julio. Tenía, todavía, el deseo en un lugar y la conciencia en otro. El shock sufrido hacía comprensible su estado”, escribió en un especial de la revista semanal EPS José Luis Zapatero. La opinión de Ingrid sobre las FARC es: “Hay que echarles una mano para sacarlos de ahí; si no, ellos se enconchan en su locura”, así lo expresó en una entrevista. “Yo pensaba que las FARC era una respuesta las contradicciones del sistema. Después de vivir dentro de las FARC he comprendido que son un subproducto de ese sistema, ésa es la gran decepción”.

Después de meses de no saber nada de Morett, su regreso a México de la mano de diputados perredistas –incluyendo a la senadora Rosario Ibarra, quien ofreció su casa para resguardar la integridad de la joven- revolvió las aguas. En el aeropuerto ofreció una conferencia de prensa y remató con un puño levantado, como si se tratara de una heroína o una victoria, la pregunta es ¿de qué?, ¿a quién le ganó?, ¿de qué se siente orgullosa? Al día siguiente llegó a la Facultad de Filosofía en donde aseguró: “No me arrepiento, yo tenía el derecho de estar allí, no es ningún delito estar en un campamento guerrillero, ningún delito haber asistido allí, viajar libremente por Ecuador”.
Simpatía o no, Morett estaba ahí, llegó por su propio pie y bajo su consentimiento. Ingrid Betancourt, no, a ella la obligaron a un cautiverio de casi 7 años.

En Ecuador siguen las averiguaciones y llamó a juicio con orden de prisión preventiva a la mexicana Lucía Morett y dos colombianas sobrevivientes del sucesos, Doris Bohórquez y Marta Pérez. Ellas, por cierto, no han negado su participación en la guerrilla, pues sus historias son como la de muchos jóvenes reclutados a la fuerza o por su voluntad buscando ser alguien y tres comidas al día. En la edición digital del diario El Comercio informó que el juzgado tercero de lo penal de la provincia de Sucumbíos, donde se produjo el hecho, llamó al juicio tras siete meses de investigaciones, con base en el dictamen acusatorio del agente fiscal Wirmar Gonzabay.

Ahora Ingrid visita México para agradecer a la guadalupana su rescate. Morett tiene casa y protección mientras esté bajo el cobijo de los senadores y diputados perredistas, quienes no han descartado dar un escaño a esta estudiante de Teatro (remarquemos TE-A-TRO) un escaño para que tenga fuero. No será la primera vez que se aplique esto de: “No hay mal que por bien no venga”.

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