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Venezuela: banderazo al totalitarismo ligero

Publicado el Lunes 16 de Febrero de 2009Comenta esta información
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hugochavez
Rubén Cortés

Al votar por el “si” a la reforma constitucional que permitirá al actual presidente de Venezuela presentarse a perpetuidad a la reelección, un rotundo número de 54,36 por ciento de los venezolanos ha dado el banderazo de salida a un nuevo engendro de sistema político: el totalitarismo ligero.
Hugo Chávez pulirá a partir de ahora un estilo de gobierno basado en el aparato que diseñó en Alemania Adolfo Hitler durante los años 30 del siglo pasado: el miedo y la adulación permeando todo el cuerpo social, votaciones, mítines, plebiscitos y un fuerte aparato policial y militar.

Tras intentar un golpe en Baviera en 1923 (Chávez intentó uno en Caracas en 1992), Hitler logró 10 años después convertirse en canciller (Chávez tardó seis en subir a la presidencia) y de ahí en adelante, todo fue sobre rieles tan democráticos como los que transita Venezuela.
Lo único que los tiempos actuales le impedirán a Chávez cumplir del libreto serán los gulags o Auschwitz. Ni siquiera se podría permitir campos para homosexuales y escribir a la entrada “El trabajo los hará hombres”, la variante machista de “El trabajo los hará libres”, que se leía en Auschwitz.
En los diferentes momentos históricos, cada pueblo va teniendo más o menos aquello que se merece, desde el instante en que lo acepta: lo cual tampoco es gratuito o casual, pues se sustenta en bases culturales, históricas y políticas.
Por citar casos cercanos geográficamente, el sistema vertical, absoluto de ordeno y mando vigente en Cuba desde 1959 fue una respuesta social a la dictadura militar, corrupta y sangrienta de Fulgencio Batista, mientras el chavismo en Venezuela es resultado del robo galopante, la horrorosa desigualdad social y la desidia política de décadas de una democracia rufián.

Los principios teóricos que hacen posible los regímenes totalitarios, en especial el nihilismo de masas, siguen vigentes en cualquier parte del mundo y sólo necesitan un líder y un movimiento gnóstico, que en Bolivia encontró a Evo Morales y sus cocaleros, en la Nicaragua actual a Daniel Ortega y sus “hordas divinas de la Revolución” y en Brasil a Lula, con –de manera determinante para asumir el poder- sus Sin Tierra.
Y esto se aplica de manera contundente a México, con un personaje taimado, mesiánico, resentido social y políticamente como Andrés Manuel López Obrador y su heterogéneo, oscilante movimiento social que igual clausura pozos petroleros que calles en la capital, manda al diablo las instituciones o apedrea en la vía pública a quienes no piensan igual.
Es indiscutible que el triunfo del “si” chavista es producto del gasto ilegal e inescrupuloso de miles de millones de dólares del erario, de una campaña ventajista, tramposa e inmoral de chantaje a burócratas, trabajadores de empresas del Estado y de beneficiarios de los programas sociales. Y que, aún así, 45,63 por ciento votó por el “no”.
Sin embargo, la verdad inexorable es que Hugo Chávez ha recibido un cheque en blanco –mucho más del que ya tenía– para impulsar en caída libre un autoritarismo del cual Venezuela demorará en salir unos 20 años.
Si bien le va.

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