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Aislar

Publicado el Jueves 19 de Febrero de 2009Comenta esta información
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ecualizadorgobiernofederalFrancisco Hoyos

Pensemos que esta estrategia se diseñó en papel y se ejecutaba de la siguiente manera:
Primer paso. El secretario de Turismo opina que es culpa de los medios el deterioro de la imagen del país porque no está sucediendo lo que se publica que sucede.
Resultado. Horas después aparecen personas embozadas en las calles de Monterrey, la capital del estado que percibimos como el más rico y estable, cuya organización el gobernador de Nuevo León atribuye al crimen organizado.
Segundo paso. La canciller ubica el problema de inseguridad en tres estados de la República: Baja California, Sinaloa y Chihuahua.
Resultado. Mientras sus declaraciones circulan en la espiral noticiosa, en Tamaulipas –donde según la declarante no está concentrado el problema- es escenario de una balacera de tres horas. Y todos nos preguntamos ¿Michoacán tampoco?

Tercer paso: El secretario de Economía, fuera de su ámbito de competencia, afirma que de no haber seguido este sinuoso camino el próximo presidente pertenecería a las filas del narcotráfico.
Resultado. El gobierno federal perderá otra semana fuera de los temas de su agenda y dentro de los cuestionamientos de la opinión pública.
El paso más difícil para comunicar un mensaje general es lograr que todos los involucrados sean consistentes y disciplinados con lo que dicen ante la opinión pública. Hacer coincidir a personas que ostentan poder en una misma línea para reflejar congruencia es una tarea que lleva tiempo y mucha paciencia.
Es sencillo criticar desde afuera a quienes están a cargo de las políticas de comunicación del gobierno federal, pero ellos no son los culpables o no todos. La realidad es que deben existir cientos –no exagero- de propuestas, planes e iniciativas que se han quedado en el olvido ante la falta de oficio de aquellos que deben emitir estos mensajes dentro de una estrategia que tenga resultados positivos.
Sin embargo, es evidente que los titulares de las dependencias no consideran a la comunicación como una de sus prioridades. Los altos funcionarios siempre se quejan de la falta de difusión de sus ideas, propuestas y acciones, aunque en cada oportunidad que tienen prefieren dejar a un lado el trabajo de sus equipos de comunicación y decir lo que a su juicio les parece lo mejor.
Por supuesto, muy pocas veces aciertan y terminan enojados con la prensa porque no coinciden con su punto de vista.
Desde el inicio de este gobierno, la línea de comunicación que se privilegió fue la que enviaba como mensaje central el combate al crimen organizado. Durante dos años continuos, toda la política de comunicación giró en torno a esta prioridad.
Hoy, esa estrategia está devorando la comunicación del gobierno federal. Si el camino era concentrarse en el tema de la seguridad para superar otros asuntos de la agenda pública (la polémica electoral, la falta de reformas, el declive económico), entonces se debió prever la inestabilidad del discurso y las consecuencias que acarrearía.
Si las declaraciones de tres secretarios de Estado de los últimos días eran un esfuerzo por ubicar el problema y aislarlo para ponerlo en su justa dimensión –elementos todos de una estrategia de manejo de crisis- su ausencia de coordinación, de sentido de la oportunidad y de comunicación, sólo lograron aislar de nuevo a su principal representante: el presidente.

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