The Reader o Amor entre las ruinas
Anne Wakefield Hoyt
“Cuéntame Musa la historia del hombre de muchos senderos que anduvo errante mucho tiempo después de la sagrada Troya asolar”, con esta frase de La Odisea, Daldry establece el sentido épico y literario de esta historia en apariencia sencilla.
Alemania 1959: un país que todavía muestra las marcas físicas y psíquicas de la guerra. Como el protagonista de la Odisea, es un país que ha perdido el rumbo y que necesita regresar a casa, reconciliarse con su pasado. Michael de 15 años establece una improbable relación sexual con una mujer madura. Años después, descubre como estudiante de leyes que Hanna, quien había permitido la matanza de 300 judíos en la marcha de la muerte de Auschwitz, está siendo juzgada por sus propios conciudadanos que resultan tan crueles, como jueces, como lo fueron de victimarios.
La improbable unión de Hanna y Michael, representa en el libro original de Bernhard Schlink el conflicto nacional de Alemania con su pasado y parece sugerir que es necesaria para que Alemania reencuentre su camino como país. La unión de la inocencia con la absoluta experiencia de la crueldad: la unión indispensable—por horrible que parezca—de un pasado criminal y un presente que proviene de ese pasado.
El abrazo, de la Alemania inocente que no tuvo nada que ver, pero que tiene que responsabilizarse de esa Alemania vieja y fea, es indispensable para sobrevivir como país. Inocencia y culpa. Una culpa que indirectamente se atribuye a la ignorancia, no a la de no saber los crímenes que se estaban perpetrando, sino a la ignorancia del hombre común y carente de educación. La ignorancia del que no tiene la sofisticación para discernir y que solo puede obedecer hombres: la esencia del fascismo, en resumen. Como en la película obra maestra de Fritz Lang M (1931), que presagio en 1931 el horror que vendría, The Reader parece sugerir que Alemania debe reconciliarse con la idea de que el asesino no está entre nosotros, sino somos nosotros.

















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