La Muela de Juicio / Perro no come perro
Encontrar una imagen que diga más que mil palabras es fácil. Siempre habrá un observador con teléfono celular a la mano que capte la mirada del último asesino de escolares, antes o después de matarlos (elija el menú), del maltrato a un migrante en el metro (España), en la escuela (con su respectiva liga al youtube); del rescate fallido de una persona en un campo minado en Israel y su caída del helicóptero. La respuesta del público, la retroalimentación en tiempo real, coronará nuestros esfuerzos de editores: “están tan ocupados en matar palestinos que no saben como rescatar a su gente”, escribió un ciberlector en la versión electrónica de un diario nacional, quien, por supuesto, no necesitó escribir su nombre, bastó con un nick (apodo, sobrenombre, alias, es decir, una máscara) para ser publicado, sin filtro.
Siempre contaremos con la suerte y complicidad de una cámara de vigilancia que nos muestre la vida dentro de una cárcel de máxima seguridad (El desaparecido Canal 40 y sus escenas de sexo oral).
Sobran argumentos para exhibir cuerpos decapitados. La tecnología no sólo es una herramienta, simplifica la tarea de los medios.
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