Doblarse, engallarse… y viceversa

Rubén Cortés
El gobernador de Michoacán, Leonel Godoy, comió esta semana con la familia en el Distrito Federal, justo en el Centro Castellano del hotel Camino Real de Polanco. Allí, con sus seres queridos, no parecía el personaje público que desde el golpe de la PGR en su estado se ha comportado poco confiable, irascible y desmedido. Y ha perdido todas las oportunidades del mundo para quedarse callado.
Atrapado sin defensa por el vergonzoso escándalo de una decena de alcaldes y una treintena de sus funcionarios estatales arraigados por supuestos vínculos con el narcotráfico, Godoy ha errado más en sus declaraciones que un carrito chocón.
El martes 26 de mayo, día del operativo, dijo que éste había sido “ilegal y anticonstitucional”; al siguiente, que era “necesario y jurídicamente legal”; el jueves 28 pidió “darle vuelta a la página y trabajar por combatir a los criminales” y el viernes 29 le exigió “disculpas al gobierno”.
Sábado y domingo descansó, al menos en sus dichos. Pero el lunes pasado, de manera sintomática, militantes de su partido reventaron en el puerto de Lázaro Cárdenas el festejo por el Día de la Marina, para demandar la libertad de un alcalde detenido en la operación del martes pasado.
El boicot provocó que el comandante de la X Zona Naval Militar, invitado de honor al acto, diera por terminado el acto, diciéndole al propio Godoy: “Disculpe usted, señor gobernador, pero esto que estamos viendo no es propio para este evento; mejor nos retiramos a altamar”.
Y al otro día, martes, entregó una carta al presidente Felipe Calderón “porque a una semana de distancia no supe el destino jurídico de las protestas que presenté ante el secretario de Gobernación y el procurador general de la República”.
Godoy, a todas luces un político en baja -o más bien en rebaja-, insiste en quejarse de que no le avisaron de la operación, sin tener en cuenta que ello equivaldría a hablar de comida delante del hambriento, pues su colaboradora de mayor confianza, la también capturada Citlalli Fernández González, era uno de los principales objetivos de la PGR.
“Era una asesora mía, la conozco desde que ella tenía 14 años, ha sido militante desde la fundación del PRD”, dijo de ella el gobernador.
Definitivamente, el gobierno federal no confiaba en Leonel Godoy. Por eso no le avisó. Y ahora, con esto de doblarse un día y engallarse el otro, o viceversa, menos le va a creer.
Porque la confianza es como el agua.
No se renueva.
















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