GM

Francisco Hoyos
En anuncios por televisión, General Motors de México ha empleado a varios periodistas especializados en el sector de los negocios para emitir mensajes institucionales de la armadora, que tranquilicen a los propietarios de alguno de sus modelos y a posibles compradores de sus productos, ante la nacionalización de la empresa del gobierno de Barack Obama.
Puede ser una estrategia de relaciones públicas eficaz para GM presentar voceros con credibilidad para calmar los efectos de la información sobre la quiebra de uno de los gigantes automotrices del planeta. Sin embargo, ¿no contradice a la ética periodística la participación de reconocidos periodistas financieros en un anuncio comercial de una empresa privada?
Si no es así, debieron explicar cuál es el papel que juegan en la emisión de datos previamente diseñados por quien patrocina dicho anuncio para informar a sus clientes y potenciales consumidores acerca de los beneficios que tendrán con la quiebra y posterior rescate de la armadora.
De la misma manera, es importante conocer como consumidores o propietarios de un auto de esa marca cuál es el salario –si hubo alguno- que GM pagó a los periodistas que aparecen en sus comerciales para leer de una pantalla la información sobre los beneficios que tendrá esta nueva etapa en dicha compañía. Si fue gratis, con mayor razón es importante saberlo.
No es la primera ocasión en que periodistas participan en anuncios o cápsulas promocionales de algunos productos. La diferencia en esta ocasión es que quienes lo hicieron en el pasado eran percibidos más como presentadores de noticias.
En cualquiera de los dos casos, la credibilidad de éstos queda en entredicho cuando aparecen a favor de ciertos productos sin informarle al televidente o radioescucha en qué carácter participan. En otros países, el periodista se ve obligado a explicar su rol y dar a conocer las razones por las cuales accede a ser el vocero de cierta compañía, producto o causa.
Recientemente, la petrolera Exxon contrató a un periodista para elaborar un reportaje sobre las acciones que toma la empresa en el Amazonas, a fin de contraponerlo con una pieza similar que transmitiría una cadena de noticias.
Aunque era el mismo hecho, el punto de vista del canal de noticias era acusatorio para Exxon por los daños que causa al medio ambiente de esa importante zona selvática; mientras el del reportero contratado atenuaba las medidas que toma la compañía al respecto e incluso usaba la misma estructura periodística para reconocer sus esfuerzos en pro de la conservación amazónica.
Pensemos que es imposible saber quién tiene la razón, pero es una certeza que la credibilidad del reportero pagado por la compañía acusada está por debajo de la misma cualidad que presenta el canal de noticias que, con todo y el amarillismo que pudiera agregarle, sólo busca información de impacto para su audiencia.
Los periodistas en el mundo consideran sagrada la objetividad como elemento indispensable de su trabajo. Decir que alguno la compromete a favor de alguna causa, sea económica o no, es uno de los insultos más graves que se puede hacer en contra de un profesional de este ramo.
La participación de esos periodistas en los anuncios de General Motors México evidentemente genera dudas sobre el compromiso de objetividad que deben tener respecto de participar en una campaña supuestamente informativa de la empresa, sin aclarar en calidad de qué hacen afirmaciones sobre un proceso de quiebra y aseguran que los consumidores nos veremos beneficiados al final.
¿Cómo creerles información acerca de este caso, cuando la traten en sus espacios informativos cotidianos? ¿Dónde se puede distinguir la línea entre el anuncio y la información?
Una estrategia arriesgada, incluso para aquellos ejecutivos de GM que pensaban beneficiarse de ella.
















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