Manlio tiende la mano

Rubén Cortés
Felipe Calderón es un ganador nato, desde que a los 5 años ordenaba volantes panistas y preparaba engrudo en la cocina de su casa para pegarlos en las calles de Morelia. Y lo siguió siendo cuando fue diputado con sólo 28 años, líder del PAN a los 30 y presidente de México a los 43.
El éxito, cuando menos en el plano político, lo ha acompañado como mandatario, pues a ningún antecesor suyo el Congreso le aprobó tantas leyes y reformas, en únicamente 18 meses, para apuntalar su programa de gobierno estrella: la lucha contra el crimen.
Algunas, incluso, delicadísimas porque inciden sobre libertades individuales de primer orden, como son las de legalizar el arraigo, intervenciones telefónicas, cateos en caso de flagrancia y la extinción de dominio.
Pero el Presidente también tiene suerte: aunque durante el proceso electoral descompuso su relación con otros partidos al usar su poder para hacer una sutil –a veces no tan sutil- campaña en favor del suyo, Manlio Fabio Beltrones, el político más lúcido de la oposición, le tiende mano.
El jefe de la bancada priista en el Senado propone, a pesar de todo, borrón y cuenta nueva, en el entendido de que el seis de julio es más importante.
“Es entonces”, plantea, “cuando debemos trabajar sobre las reformas pendientes, aquellas que son necesarias, de cómo vamos a proceder a desahogar estas reformas en acuerdos, en acuerdos que ayuden al país. Hoy es necesario que juntos todos trabajamos en un mismo”.
Con esto, Beltrones allana el camino de la obligada tarea de Felipe Calderón para recomponer el tejido con la oposición o, mínimo, con el principal partido de ésta, y sortear todo lo que sigue al cinco de julio.
Una faena impostergable, pues la antorcha de la lucha contra la inseguridad se le apagará al presidente ante el aguacero económico que consumirá la segunda parte de mandato.
Más bien, un diluvio, traducido en que este año terminará con dos millones 570 mil mexicanos sin empleo, cifra que aumentará el siguiente a tres millones 210 mil; debido a que 2009 será el peor en tres décadas para la economía nacional, con una caída del ocho por ciento en el PIB.
Con este panorama, el Presidente tendrá que apelar a todas sus capacidades de triunfador nato para sacar adelante al país.
Por lo pronto, le han tendido una mano fuerte.
















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