¿Y todo para qué, Germán?
Francisco Garfias
A Germán Martínez lo conozco hace más de una década. Algunas veces lo visité en su despacho de director de la Fundación Rafael Preciado Sánchez, otras en sus oficinas de diputado en San Lázaro. Me parecía un hombre de ideas, abierto, sociable, buen conversador. Era, además, pupilo de Carlos Castillo Paraza, uno de los panistas más brillantes que he conocido en los 20 años que tengo en la fuente política. Desde entonces, Germán ha querido emular al gran Piolín pero sólo ha podido logrado en lo polémico.
En aquel entonces, la segunda mitad de los noventas, a Martínez no se le veía vocación de golpeador; menos de provocador. Nada que indicara que con el tiempo sería un camorrista dispuesto a crispar la atmósfera política del país, con tal de ganar unos cuantos diputados más en la elección del 5 de julio.
Nada tampoco que adelantara la docilidad, obediencia e incluso sumisión, mostrada frente a quien ha sido su jefe en los últimos años: Felipe Calderón. Es bien sabido entre los panistas que el jefe nacional del partido no mueve un dedo sin la autorización del señor presidente. Dicho en otras palabras, ha puesto al Partido Acción Nacional al servicio del régimen. Una paradoja si recordamos que durante décadas el PAN combatió el PRI-gobierno.
El currículum de Germán lo perfilaba hacia la reflexión. Apuntaba a ser el nuevo ideólogo de su partido. Abogado como su patrón, cursó estudios en Derecho Constitucional y Ciencias Políticas en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid. Hizo también estudios de posgrado en la Universidad Complutense.
En el 2003, Martínez encabezó la publicación un análisis de los escritos de Castillo Paraza, bajo el título de ”Apuesta por el Mañana”. En la introducción, que firma de su puño y letra, se puede observar la fe que en esos tiempos tenía en el diálogo, como forma de hacer política.
Escribió entonces: “Castillo Paraza apostó por la palabra como génesis política, en un entorno donde la palabra ha sido infravalorada… Cree en la cadena lógica de palabras que es el diálogo y en la cadena lógica del diálogo para construir bienes públicos. A esa cadena lógica de palabras que es el diálogo, Castillo Peraza la llama política. Para Castillo Peraza, no hay política sin diálogo.”
Pero el alumno olvidó muy pronto las palabras de su maestro y, ya empoderado por su jefe, cambió el diálogo por la mercadotecnia. El jefe panista se convirtió en protagonista de una campaña negra en internet, ideada por el famoso consultor español Antonio Sola, que intencionalmente asociaba al PRI con el crimen organizado.
Dinamitó, así, con la venia de su patrón, los puentes entre el gobierno y el partido que ayudó al presidente a rendir protesta el 1 de diciembre del 2006, y que hizo posible la gobernabilidad en el primer trienio de Calderón. Ha tenido también públicos agarrones con los gobiernadores priistas de Nuevo Leon, Natividad Gonzales Paras, y Sonora, Eduardo Bours.
“¿Y todo para qué?”, dirían los clásicos Intocable. Las encuestas serias sobre intención de voto adelantan que el Partido Acción Nacional perderá el 5 de julio entre 30 y 40 diputados federales, si bien le va. Las proyecciones apuntan a una bancada azul de entre 170 y 180. Actualmente tiene 206 diputados. De las seis gubernaturas en disputa, solo una parece tener asegurada: Querétaro.
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