Simulación y prebendas, verdaderas premisas del PVEM

Raúl Adorno Jiménez
El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) se ha convertido en una especie de franquicia, porque ofrece sus candidaturas y sus posiciones políticas al mejor postor. Para muchos analistas no es nuevo que este instituto político sea manejado como un negocio familiar, pues desde su creación sólo ha tenido dos presidentes: el padre, Jorge González Torres, y el hijo, Jorge González Martínez.
Esta familia creó el PVEM abrazando una demanda social que era la de enarbolar la lucha a favor del medio ambiente y la protección de la ecología, pero lo único supuestamente ecológico que tienen es el reciclaje, porque sólo se reciclan así mismos.
El mejor espécimen de estos políticos es el propio Jorge González Martínez, quien de la Asamblea Legislativa del DF pasó a la Cámara de Diputados, luego al Senado, para regresar a la Cámara Baja, y ahora todo parece apuntar a que irá nuevamente a la ALDF.
De ser así, el llamado niño verde, acumulará 18 años de legislador, con todos los privilegios que esto conlleva, sin descontar que maneja a su antojo y al libre arbitrio las prerrogativas que recibe como dirigente nacional del PVEM.
Su mejor estrategia política durante su existencia, es la de adherirse al partido político que consideran tendrá el mayor número de votos, de tal manera que lo mismo ha participado en coalición con el PRI, que con el PAN o con el PRD, siempre el que más curules o escaños le ofrecía. No hay que olvidar que las 17 diputaciones y seis senadores que hoy ostentan fue producto de la negociación que tuvo con el PRI en las elecciones del 2006.
Sin embargo, ahora con la última reforma electoral, impedido de negociar asientos en el Congreso, el PVEM nuevamente volvió a vender caro su amor, pero esta vez a las dos televisoras más importantes del país, a las cuales les ofreció estar en los primeros sitios de su lista nominal.
También a través de argucias y subterfugios, como la de mandar como candidatos titulares a ciertos personajes, con la finalidad de que una vez que inicie la siguiente legislatura, queden los suplentes, entre los que se encuentran importantes ejecutivos cercanos a Televisa y TV Azteca.
Con estas mismas argucias han implementado una campaña mediática con el apoyo de las dos televisoras y aunque el Instituto Federal Electoral (IFE) ya los sancionó, éste partido ya se inconformó y están muy seguros que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) fallará a favor de ellos.
En el colmo del descaro, el actual coordinador de la bancada del PVEM en San Lázaro, Diego Cobos Terrazas, ya expresó su confianza de que saldrán airosos, porque aprovecharán todos los vacíos que dejaron, según el legislador, los partidos grandes (PAN, PRD y PRI) en la reforma electoral aprobada en el 2007.
Muy a pesar de todo, es probable que se salgan con la suya y el PVEM pueda revertir la sanción del IFE, pero aunque no fuera así, el daño ya está hecho y con mentiras y verdades a medias; con propuestas más coyunturales que de fondo, parece que este instituto político obtendrá una votación significativa que rondará el 10 por ciento de la votación nacional, muy por arriba del 2 por ciento mínimo que se requiere para mantener su registro y por lo tanto sus millonarias prerrogativas.
En verdad es muy preocupante que un partido simulado, que no tiene ninguna estructura partidista a nivel nacional, y que ahora obedece a intereses de los grupos de poder fácticos, como son los dos consorcios televisivos, alcance una votación que en el mejor de los casos le otorgaría alrededor de 30 curules en la Cámara de Diputados, lo que a su vez le daría una fuerza significativa para negociar con el mejor postor.
Estamos ante un PVEM que fue expulsado de la Unión Internacional de Partidos Verdes, por contradecir una premisa básica de esta corriente ecologista que es la defensa de la vida, misma que contrasta radicalmente con la propuesta de la pena de muerte a secuestradores y violadores.
De ser cierta la predicción de los supuestos verdes, se concretaría un gran engaño al país, donde se impondría los intereses de un reducido grupo jóvenes de élite, provenientes de universidades privadas y muy caras, que no ofrecerán ninguna representación al pueblo de México, sino a los poderes fácticos.
















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