El catrín

Raymundo Riva Palacio
El día en que se estrelló el avión donde viajaba el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y su ex colaborador José Luis Santiago Vasconcelos, Eduardo Medina Mora llegó al epicentro de la tragedia seis horas después, con su eterna sonrisa de media boca, entre cínico y ladilla, bromeando y contando chistes. El día que se incendió la guardería en Hermosillo y la cuenta de menores muertos ya iba en 12, continuó con sus planes: asistió al estadio de Ciudad Universitaria para ver el primer partido de la final de futbol entre Pumas y Pachuca. El procurador general, uno podría decir, en toda su dimensión.
“Gualo”, como le dicen sus viejos amigos, es un personaje singular. Profundamente religioso –va todos los domingos a misa y comulga-, llegó a la administración pública por la puerta grande, se colocó en el lado opuesto de Felipe Calderón cuando buscaba la candidatura a la Presidencia, fracasó en cada uno de los cargos en los cuales se le encomendaron, y sin embargo, siempre cayó para arriba. Su carrera política es tan meteórica como sorprendente. ¿Por qué no se ha caído? Los políticos responden: porque el Presidente no tiene con quién remplazarlo porque nadie quiere su cargo. En Washington añaden: es un “activo” de los servicios de inteligencia estadounidenses. Los cínicos comentan: lo respalda Televisa.
Todo puede ser una mera especulación, o no. Hay hechos que avalan las versiones, pero no hay confirmaciones contundentes. El caso es que Medina Mora, permanece fuerte en su puesto y, aparentemente, quitado de la pena. Es la historia de su vida política, desde que llegó al gobierno federal con la administración de Vicente Fox, de la mano del secretario de Gobernación, Santiago Creel. Como había hecho trabajos de seguridad en el Grupo Desc, Creel lo invitó a ser director del CISEN. Al poco tiempo de haber llegado ahí, había puesto en la calle a alrededor de tres mil personas. Siempre negó ese total y dijo que cesados, no habían sido más de 300. Para efectos prácticos, fue un desmantelamiento del servicio de contraespionaje, indispensable para la seguridad nacional.
Eliminó recursos humanos con lo que cerró fuentes de información. Mantuvo la tecnología en las condiciones en la que la encontró, sin invertir en nada, produciendo nuevos rezagos. Tomó decisiones que resultaron muy costosas para el país, como cuando presionado por el presidente Fox en agosto de 2001 por unos bombazos en bancos que se adjudicaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, Medina Mora obligó a su gente a dar resultados. Fue tan fuerte la presión, que forzó a que se “reventaran” dos casas de seguridad del EPR, al que pertenecían las FARP, que habían sido ordeñadas durante más de cinco años. Fox pudo decir públicamente que habían descubierto a los autores, pero sólo como siglas, pues se les escaparon los jefes del EPR, sus lugartenientes, y detuvieron únicamente a dos de sus hijos, que tuvieron que ser liberados años después.
Lejos de pagar por ello, siguió avanzando. Fox lo nombró secretario de Seguridad Pública a la muerte de Ramón Martín Huerta, en 2005, y se la jugó con Creel en la contienda con Calderón por la candidatura presidencial. Cuando se acomodaba el nuevo gabinete calderonista, aspiraba quedarse en su cargo, pero terminó como procurador general. Como en sus otros dos puestos, ha hecho muy poco del fondo, y mucho de relaciones públicas. Las reformas judiciales, como las quería Calderón, no las ha podido sacar, pero nadie se ha dado cuenta. Durante dos años, se dedicó sólo a anunciar los avances de las secretarías de la Defensa, Marina y Seguridad Pública, con un fraseo como si fueran de él. Lo propio fue la gangrena de la corrupción y penetración de los cárteles en su propia casa, pero tampoco le costó.
Tiene buen cobijo. En Estados Unidos, la CIA y la DEA lo tienen en muy alta estima. Y con razones. Se ha convertido en su gestor para que puedan ampliar los márgenes legales para su operación en México, llegando a permitirles que participen físicamente en interrogatorios que deberían de ser totalmente soberanos de las autoridades mexicanas. De esto, no le ha informado al Presidente, como tampoco le advirtió de cómo los cárteles de la droga habían comprado la voluntad de quienes se supone debían combatir, hasta que pudo inventar, al vapor la Operación Limpieza.
Los medios tampoco lo han tocado, como si tuviera inmunidad. A los directores de periódicos, o les vende favores político-judiciales a cambio de privilegios en el manejo editorial de los asuntos delicados de la PGR, o los tiene cerca mediante la entrega de averiguaciones previas de forma exclusiva. En la televisión también cuenta con protección. En buena parte, se podría decir, porque está asociado con ellos, como en el caso de Televisa, donde es amigo de la infancia del vicepresidente político de la empresa, Bernardo Gómez, y socio de CreaTV, donde sus pares son CIE, la principal empresa de entretenimiento en México, TVPromo de Carlos Quintero, hermano de Alejandro, quien lleva la mercadotecnia comercial y política de Televisa, y el historiador Héctor Aguilar Camín.
Los empresarios son otra fuente de su permanencia. Fue asesor del sector agropecuario durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, y consejero en el Consejo Coordinador Empresarial, que violó la ley electoral para atacar a Andrés Manuel López Obrador durante la campaña presidencial. En varios momentos ha provocado la ira del Presidente, pero Calderón no actúa en su contra. En el entorno del mandatario tienen a Medina Mora como un “traidor” político, pero sigue sin mucho apremio. Él vive para él, trabaja para él y hace relaciones públicas para él. O ahora, también para Josefina Vázquez Mota, a quien ven los panistas enemigos de Calderón, como una posible candidata a la Presidencia, contra el candidato calderonista. No digan que Medina Mora no aprende. Quien no aprende es el Presidente.
















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