Atole con el dedo para Zelaya

Rubén Cortés
Al depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, lo trajo en visita oficial a México la telaraña democrática y constitucional en la que lo tienen enredado Estados Unidos y sus aliados desde que advirtieron en su derrocamiento una oportunidad para detener al eje chavista.
Washington estuvo ajeno a la revocación de poderes ordenada por el Congreso y la Corte, tramitada a punta de pistola por el Ejército y cumplida por Zelaya abandonando en calzoncillos el cargo que ahora quiere recuperar, entre otras medidas, llamando al pueblo a las armas.
Lo que al principio le pareció a Estados Unidos un sainete típico de país bananero, al paso de los días empezó a verlo como el principio del fin del chavismo, pero sólo si hilaba fino y conduciendo el asunto mediante el derecho internacional.
Y armó, con Costa Rica, los Acuerdos de San José, que siguen todos los cánones democráticos y constitucionales: Zelaya retoma la presidencia, termina su mandato, no intenta reelegirse ni llamar a una Constituyente.
En esa maraña está embrollado el depuesto presidente: si vuelve, sería sin autoridad ni para colgar el sombrero de un clavo; si no lo hace, quedaría como caudillo que busca eternizarse en el poder acomodando las leyes a su conveniencia.
Aunque, de acceder, quedaría sin opciones para extender su mandato, siendo esto para lo que lo quiere y lo costea el eje chavista, en su idea de anteponer a Estados Unidos en América Latina un bloque de países similar al campo socialista de la URSS en la Guerra Fría.
De ese modo, Zelaya no quiere volver. Así que Washington y sus aliados empiezan a darle atole democrático con el dedo: por un lado la OEA le dice “presidente”, México lo recibe como “presidente” y, por el otro, le dejan claro que sólo puede volver si acepta los Acuerdos de San José.
En ese juego, el Ejército, el Congreso y la presidencia de facto en Honduras desactivan los impedimentos que pusieron al retorno del expulsado mandatario, con el objetivo de quitarle los pretextos que usa para reinstalarse sin condiciones.
Como sea, lo interesante de la crisis hondureña es que por primera vez en la historia, Estados Unidos ejecuta en la región una política lúcida para reventar al comunismo manteniendo, sin embargo, el lugar que le corresponde a una democracia: con apoyo internacional y respeto a la ley.
Y sus aliados lo han entendido. Por eso Calderón también le dio atole ayer a Zelaya: “Que prevalezca la fuerza de derecho y la fuerza del derecho”.
A lo que Zelaya respondió: “Tengo todo el tiempo del mundo para volver”.
Pues que se compre su reloj.
















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