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Agua

Publicado el Jueves 27 de Agosto de 2009Comenta esta información
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Francisco Hoyos

La campaña para hacer conciencia sobre la grave escasez de agua en la Ciudad de México tiene en el temor su principal eje de convencimiento. La noticia sobre la reducción del líquido no era nueva, pero está tomando un perfil desconocido frente a la tradicional prudencia de las autoridades para advertir a sus ciudadanos sobre este tipo de problemas.
Las campañas de ahorro de agua tienen más de 20 años en funcionamiento, pero ninguna había puesto fecha límite –febrero del próximo año- para que la capital del país simplemente se quede sin agua.
Sin embargo, el mensaje por terrible que sea parece que seguirá afectado de dos elementos que han hecho fracasar a los esfuerzos que se hicieron en el pasado. Primero, no combate el escepticismo cultural que tenemos, porque la mayoría sigue disfrutando del agua. Es decir, nuestros padres o abuelos cuentan con pruebas de que el mensaje ya es viejo y aún no ha sucedido nada catastrófico.
Segundo, en el Distrito Federal el nivel de precipitaciones ha crecido en los últimos años provocando inundaciones en zonas nuevas de la Ciudad, sin que hasta el momento se haya hecho nada para recolectar esa agua, que en porcentaje significa ya una parte importante del gasto de líquido anual. Es decir, no hay agua en las tuberías pero sufrimos de inundaciones.
Otro problema son las fugas. Un 40% del agua se pierde por problemas en la red de suministro y aunque la inversión para reparaciones ha crecido de manera constante, sigue siendo insuficiente.
A ello se le debe sumar los adeudos millonarios que dependencias federales, edificios corporativos y entidades públicas tienen con el Sistema de Aguas del Distrito Federal. Ese dinero no fluye como debería, los mecanismos de cobro todavía son engorrosos y la cancelación del servicio es una navaja de doble filo político si ésta se aplica a rajatabla.
Esta crisis del agua en el Distrito Federal debe recuperar también la idea de la desconcentración de instituciones completas a otros estados de la República con mayores opciones de infraestructura. La Ciudad está pagando la factura del centralismo en hechos tan claros como la falta de espacio y de servicios.
Es cierto que la cultura sobre el aprovechamiento del agua se debe reforzar, el riesgo es que se mantenga como un sistema similar al de los impuestos: la base de quienes pagan por el servicio es pequeña y sobreexplotada en comparación a los que viven en la informalidad o tienen privilegios para eludir multas y tarifas altas que merecen.
Febrero de 2010 puede ser la fecha en que nos quedemos sin agua en el Distrito Federal, como dice la campaña de difusión. No olvidemos que es la capital del país y que sin agua, la viabilidad de ésta se encontrará en riesgo.
Un evento apocalíptico que de cumplirse, cambiará la historia de la Ciudad y de la República para siempre a un costo que no tendremos tiempo de pagar.

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