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Murió mi amiga

Enviado por en 06/10/2009 – 01:26 Un Comentario

mercedessosa
Jorge Marengo

Más de media noche y no concibo el sueño. Mis bigotes cabizbajos semejan al del gato de azotea meditabundo. Murió mi amiga, “La Negra”, una de las más íntimas.


La diferencia de edad por más de cuarenta años a su favor, no hizo mella en nuestra relación. Todo estaba claro, yo la quería y ella también me quería. La escuchaba quedo, agazapado en el refugio de mi habitación o en aquellas charlas de fogata con viento.
La conocí por mi madre, Mercedes dormitaba en un canastito de mimbre polvoso junto a otros amigos, que a pesar de ser también entrañables, no estuvieron tan cerca de mí como “La Negra”.
Mi amiga era cantante, nata de Tucumán Argentina. Conoció el yugo del exilio siendo forzada a no poder cantar en su país. Tuvo la mejor voz contemporánea para el folclor latinoamericano que ha conocido público alguno. Cantó todo: chacareras, trova y llantos. Hizo la paz con Chile, entendió a los pueblos, revivió a Neruda, a Jara y a Parra. Cobijó a Charly García, a Shakira y a tantos, tantos otros. Se hizo responsable de sus decisiones y de su tiempo, cargando sobre ese cuerpo de sol, toda la contracultura latinoamericana por más de 50 años.
Mercedes es una de mis más grandes amigas, y a pesar de nunca haberme sentado a charlar con ella, me presentó a muchos de los más grandes colegas que he podido encontrar.
En casa de Sergio quien fuera exiliado chileno en México la escuchábamos a la luz del vino. Diego, en un restaurante perdido del mar rojo, cantaba “Cambia todo cambia”, después de dos años de viaje de mochila, en ese momento lo conocí.
Enterramos al héroe más carnal y cercano que esta vida me ha dado el honor de conocer, Raúl Mandujano (asesinado por trabajar en pro de los Derechos de los Migrantes Centroamericanos), escuchando “Sólo le pido a Dios”.
Nancy es una gran amiga, aunque mejor madre y ser humano. El destino del pobre la hizo vivir en carne propia el genocidio de su comunidad Maya en Guatemala durante los tiempos de las guerrillas centroamericanas. Ahora vive en Chiapas y le canta a su hijo “Duerme Negrito”.
En los ratos de discusión política sobre los beneficios del utilitarismo contemporáneo en contraparte con las decisiones ideológicas humanas, Corina y yo discutíamos y el retumbar de la canción de “La maza” interpretada magistralmente por Mercedes Sosa, nos hacía intuir esa profunda verdad, de que por más que se maquille la farsa, seguirá siendo eso y nada más.
Escribo este texto con el inexorable humedecimiento de cachetes surgido de la pérdida de hermosos seres humanos, como Raúl Mandujano o Mercedes Sosa. Lo escribo con las manos juntas, apretándose desesperadamente la una con la otra, en posición de imploro. Intentando que mi mente genere un grano de arena energético, para que lleguen más seres humanos con esa capacidad divina de poder sonreír donde pocos lo hacen, luchar y sentir el dolor profundo de los pueblos a partir de entender el de ellos mismos, transformándolo así en la única herramienta que puede dejar legados positivos para la especie. Todo lo demás son patrañas que históricamente se deshacen por el tiempo, o cambiarán por la falta de solidez universal.
Negra, sé que te lloran en el Congreso de Argentina y que han llegado a verte personas de todo el mundo. Aquí también, en un rinconcito de Chiapas se te agradece por haber aportado los hilos con los que he tejido momentos invaluables. De esos por los que le damos gracias a la vida, eso por lo que vale la pena vivirla ¡Carajo!

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