Pusilánime cinismo
Roberto Velasco A.
Partido sin posturas firmes, sentado en los laureles de su pragmatismo, yendo lo mismo de un lado que del otro, haciendo gala de su trapecismo político. Lo mismo hace acuerdos por aquí para penalizar el aborto, que acá para aprobar el presupuesto, que allá para rechazarlo. Transita sigilosamente, su líder es la dirigente partidista con menor perfil mediático, no vaya a ser que los reflectores pongan a la luz lo que hacen por debajo del agua.
Si un periodista reta abiertamente a Doña Beatriz a explicar por qué sus diputados locales han aprobado esa legislación regresiva, que castiga la interrupción del embarazo incluso en casos de violación, ella se queda callada, así se ve más bonita. Así no tropieza con los intereses de sus gobernadores, lo que es su mejor carta bajo la manga.
Cuando la Suprema Corte acusa agudamente a uno de sus gobernadores, también guardan silencio, saben que la fórmula funciona, ya la probó el Góber precioso, y ahí sigue, machacando a la oposición con lo que orgullosos llaman su aplanadora. Pero la aplanadora es el fin de la democracia, lo saben, es la vuelta a los tiempos de lo que llaman “el gran acuerdo nacional”, que quiere decir ahogar a los que no están de su lado, con dinero, con la fuerza o como haga falta.
Si el Ejecutivo decide desaparecer LyFC, ellos no se comprometen, “que asuma su responsabilidad”, contestan, cobijados en su pusilánime cinismo. Saben que igual no les perjudicará electoralmente, porque también tienen acuerdos con las televisoras, por eso el yerno de Manlio Fabio coordina la telebancada del partido/franquicia verde.
Pero ahora no saben qué hacer, Felipe Calderón logró ponerles un cuatro. Los acorraló en donde menos les gusta: en donde hay que tomar bandos. Aprueban los impuestos impopulares, con costo para su flamante mayoría en la Cámara de Diputados, o no los dejan pasar y la Presidencia de la República les cobra la factura del boquete presupuestal. Los priístas no saben qué hacer, comienzan a dejar de actuar con esa máscara del partido con cohesión.
Se han dado cuenta que desde Los Pinos ahora sí los enfrentarán, se sienten preocupados, por eso cobijaron al PRD en el senado. Buscan apoyos pues saben que tienen mucha cola que les pisen, saben que no son un partido de acuerdos, sino de componenda de intereses, conocen su soberbia, su miedo a comprometerse con verdaderas causas. Han avanzado gracias a la brecha que abrió la encarnizada lucha entre azules y pejistas, pero ahora que esa batalla se ha menguado con la debacle lopezobradorista, saben que tendrán que dar la cara. Y no les gusta. ¿Twitteamos?
Entre líneas: Tanto que criticaron la rijosidad de algunos miembros de la izquierda y ahí tienen a su “dipuhooligan”.

















Escribe un comentario