La guerra contra el narco (parte III)
Diego Osorno
Pero el anuncio no estaba fuera de contexto. De hecho, el contexto —la rebelión en pueblos como Atenco y estados como Oaxaca, la Otra Campaña lanzada por el EZLN, la crisis interna del sindicato de trabajadores mineros y, principalmente, las movilizaciones masivas encabezadas por López Obrador—, fueron un factor determinante para el anuncio de “la guerra contra el narco”, con la cual Calderón convertiría al narco, un problema recurrente de la administración pública en los últimos 100 años, en el gran y maligno enemigo que, al enfrentarlo, pudiera legitimar un gobierno cuestionado desde su origen.
Al día siguiente de la convulsionada toma de protesta, Flavio Sosa, un moderado y conocido dirigente de la revuelta que hubo en Oaxaca ese año, fue detenido por el gobierno de Calderón y presentado a la opinión pública como suele presentarse a los capos de la mafia y secuestradores más despiadados. Las acusaciones eran tan endebles que al año, el gobierno federal tuvo que dejarlo en libertad.
El 10 de diciembre de ese 2006, el nuevo gobierno lanzó su gran golpe mediático: el envío de 6 mil miembros de las fuerzas de seguridad a Michoacán, la tierra natal del presidente, gobernada por el opositor PRD y un sitio donde la violencia del narco había provocado más de 500 ejecuciones ese año.
Por si había alguna duda de lo que estaba sucediendo en México, el entonces secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, anunció el operativo y reiteró: “La batalla contra el crimen organizado apenas comienza y será una lucha que nos llevará mucho mucho tiempo”.
Mañana, la tercera parte de “La guerra contra el narco”
Entregas anteriores:
La guerra contra el narco (parte I)
La guerra contra el narco (parte II)

















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