Zelaya, el AMLO de Honduras
Rubén Cortés
Manuel Zelaya no ha hecho más que aceptar el Acuerdo de San José para regresar a la Presidencia en Honduras. En ese caso, bien pudo haberlo hecho cuando Oscar Arias lo presentó, el 22 de julio pasado. Sin embargo, lo rechazó un minuto después de conocerlo.
Un error, pues si lo hubiera firmado entonces habría tenido más tiempo para incidir en el resultado de las elecciones presidenciales del 29 de este mes. Pero ahora recuperará el mando sólo para atestiguar el resultado de los comicios y entregar la banda al sucesor, el 27 de enero.
Por quererlo todo o nada, a Zelaya le ha sucedido lo mismo que aquí a AMLO en 2006: aislarse políticamente y quedar condenado a esperar (y a preparar) un estallido social, como única vía para acceder al poder. Aunque, en su caso, sería volver.
Así que ya veremos al rico terrateniente de Olancho, impelido además por petrodólares bolivarianos, investido de “legítimo”, encabezando marchas incendiarias y abrogándose el título de conciencia moral de Honduras ante la oligarquía. Tiempo al tiempo.
En todo caso, hay que leer la inminente solución a la crisis como la primera victoria de los intereses de Estados Unidos en la región, con Barack Obama en la Casa Blanca, bajo la divisa de “restablecer el curso democrático en Honduras, sin que Chávez avance un milímetro”.
Recordemos que esto comenzó por la intención del Eje Chavista de que Zelaya imitara al propio Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua, haciendo cambiar la Constitución para permitir su reelección eterna.
Sin embargo, por ahora su concreción será imposible, porque el retorno de Zelaya se registra al precio de cancelar las pretensiones que desataron el contencioso, que apenas está a punto de terminar, tras cuatro meses de crisis.
En esa tesitura, el mérito es de Hillary Clinton, la primera en observar la crisis hondureña como una oportunidad de parar en seco al “Socialismo del Siglo XXI”, mediante la estrategia de reventar al Eje Chavista, pero en estricto apego a la ley y con apoyo internacional.
Lo que en un principio le pareció a Washington un sainete típico de país bananero, la Secretaria de Estado lo vio, en cambio, como la posibilidad de darle un batacazo al chavismo. Encargó de perfilar su plan a su subsecretario Thomas Shannon, quien lo amarró, a su vez, con Pepe Lobo.
Lobo, el candidato favorito para ganar las próximas elecciones presidenciales, lidera el Partido Nacional, cuyos 54 diputados decidirán la votación en el Congreso para que Zelaya regrese simbólicamente a gobernar, a cambio de que Estados Unidos valide los comicios.
Como lo trazó Hillary Clinton: restableciendo el curso democrático.
Sin que Chávez avance un milímetro.
















Escribe un comentario