El llanero solitario

Raymundo Riva Palacio
Mauricio Fernández, el polémico presidente municipal de San Pedro Garza García, miembro de una de la familia Garza Sada, ícono del abolengo en Monterrey y panista de toda la vida, trajo a interés público –si bien no al debate nacional- el tema de grupos paramilitares al servicio de los buenos. Es decir, unidades de matones contratados para asesinar a los malos.
En el caso que puso Fernández sobre la mesa, los buenos son el gobierno y la sociedad de San Pedro Garza García, que durante largo tiempo aceptó sin cuestionar a personas totalmente desconocidas que un día llegaron al municipio con toneladas de dinero, y compartían restaurantes, salones de belleza y escuelas de sus hijos, hasta que se empezaron a matar entre ellos y se dieron cuenta que estaban relacionadas con los malos.
Fernández ha repetido insistentemente durante la semana que está listo para violar la ley –ir más allá de sus atribuciones- para enfrentar a los criminales. No es un asunto de estado de Derecho, sino de Ley del Talión. Ojo por ojo, y diente por diente. Si los criminales secuestran, extorsionan y matan, él los “limpiará”. ¿Y si termina en la cárcel?, le preguntó la otra noche Salvador Camarena, quien lo entrevistó en la Tercera Emisión de W Radio. Pues qué me importa, respondió Fernández, quien le dijo que no le gustaba la forma como preguntaba, porque no entendía ni al municipio, ni al estado. Quienes sí lo entendían eran las mil personas que, presumió el alcalde, lo ovacionaron de pie durante cinco minutos cuando dijo que, como fuera, con todos los recursos a su alcance y más allá –porque está muy respaldado por gente muy importante en Nuevo León-, sacaría a los delincuentes de San Pedro Garza García. Sólo le falto decir: vivos o muertos.
Pero Fernández, por más aberrante que sea su discurso –dado que es un funcionario público-, por más autoritario que sea su comportamiento –no le importa gritar que va a violar la ley para alcanzar sus fines-, por más impune que sea su actuar -¿o alguien del gabinete de seguridad federal lo ha puesto en su lugar-, no es sino el producto menos refinado de toda una corriente de opinión pública, política y empresarial que, hastiados con el presidente Felipe Calderón porque consideran que no ha hecho su trabajo para proveerles seguridad a ellos y a sus familias, están dispuestos a tomar la justicia en su propia mano.
Ciertamente, Calderón no les ha dado muchas razones para tener expectativa. Durante una reunión con empresarios de Ciudad Juárez en una visita a aquella ciudad fronteriza, le reclamaron por la inseguridad en la que vivían y porque no veían que el gobierno les estuviera proveyendo seguridad. Calderón, que se molestó, según describió un participante, dijo que la violencia que veían seguramente sería mayor por la dinámica que llevaba la guerra contra los cárteles de las drogas y lo único que les recomendó era lo que habían hecho los empresarios de Monterrey: contratar guardias. Si lo hacen, ofreció, les daría permisos de portación de armas como había hecho en Nuevo León.
Guardias, vistos como escoltas, no son lo mismo a guardias blancas, como se conoce también a los escuadrones de la muerte o paramilitares. Pero por las mismas fechas se reunieron un domingo en la ciudad de México varios de los más importantes empresarios que viven en la ciudad de México para recibir información de primera mano sobre el estado de la seguridad en la guerra contra los narcotraficantes. En esa reunión, dijo un participante, los empresarios comenzaron a discutir entre ellos sobre la posibilidad de contratar expertos en el extranjero para combatir clandestinamente al crimen organizado.
No se conoce qué sucedió posteriormente, aunque no ha habido registro alguno de guerra sucia contra el narcotráfico desde entonces. Una reunión similar de dio en Monterrey hace poco menos de dos meses, donde estuvo presente cuando menos un empresario de la ciudad de México, para discutir la misma posibilidad de crear comandos de ejecución para enfrentar a los delincuentes. Tampoco se supo nada de lo que sucedió, pero dentro de la alta sociedad, que conocía de esa reunión, el sábado pasado todo se volvió realidad en su imaginario y contexto.
Fernández anunció que había muerto un narcotraficante que secuestraba y extorsionaba en San Pedro Garza García. Pero lo dijo cuatro horas antes de que la policía descubriera su cuerpo dejado junto con otros tres en una camioneta en la ciudad de México, y seis horas antes de que fuera plenamente identificado por las autoridades. Fuera de ese anticipo de información tan notorio que tuvo Fernández, que no se ha explicado aún, no se le puede adjudicar ningún tipo de responsabilidad legal. Públicamente ya declaró que el equipo de “limpieza” que ofreció a gobernados no se ha formado, y que no tienen responsabilidad alguna en esa ejecución.
Lo dicho por Fernández y las implicaciones que tiene su lance retórico, cae directamente en el gobierno federal, el responsable por definición de proveer la seguridad a todos los ciudadanos. Por esa razón nacieron los estados modernos: la seguridad es su responsabilidad primaria. Pero las deficiencias que están viendo autoridades locales y gente que tiene los recursos para hacer las cosas a su manera, están creando un entorno totalmente pernicioso y ominoso. El desafío al gobierno es abierto. El irrespeto a ajustarse dentro de la ley es salvajemente expresado. Pero ya no por un delincuente, sino por una autoridad que respaldado en lazos sanguíneos, poder económico y político, se siente lo suficientemente protegido ante un interlocutor que debe ver debilitado y achicado para decirle a todos los mexicanos, incluido el Presidente: háganle como quieran, porque a partir de esta semana, la justicia la hace él.















Don Raymundo:
Ahora el señor Felipe Calderón dice que nadie puede estar por encima de la ley; nadie se puede hacer justicia por su propia mano. Sí, tiene razón.
Pero más haya de sus palabras, me parece que el hombre salió enchilado -ayer-, en lugar de serenarse, pues me dio la impresión que el hombre ya se extravió y salió a regañar a todos, aunque ya sabemos que su escupitajo fue directo contra el edil, Mauricio Fernández Garza.
En claro desafío, este alcalde ya declaró que no le importa ir a prisión si “limpiaba” de delincuentes a San Pedro Garza García.
Quizá por su linaje y por lo que representa en las altas esferas de Monterrey, este hombre provoca al Estado que, aunque ha realizado aprehensiones significativas, pareciera que no convence a los hombres del dinero y a la sociedad.
Tal es la deseperación de la gente en los distintos puntos geográficos del territorio nacional. que no sabe si cuando parte al alba, con destino a sus actividades cotidianas, regresará por la tarde noche.
Es cierto que en amplios sectores de la sociedad mexicana ven con “optimismo” la medida asumida por el retador edil.
Qué grave la situación, porque tal parece que las autoridades respectivas están paralizadas y lo único que hacen -en este caso- es decirnos que nadie está por encima de la ley.
Estoy estupefacto que los hombres del dinero contraten a “sicarios buenos” para su labor de “limpieza”.
¿¡Y el Estado de Derecho¡?
¿Hace cuántos lustros que venimos escuchando la misma frase?
Señores, ya dejen el “disco recuerdo”
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