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Los potentados

Publicado el Lunes 9 de Noviembre de 2009Comenta esta información
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Eduardo Bours Castelló, ex gobernador de Sonora.
Francisco Hoyos

Las críticas a los gobernadores por la presión que ejercieron en la recta final de la aprobación del paquete fiscal, pueden derivar en conflictos políticos relevantes para aquellos mandatarios estatales que vieron más por sus intereses que por los del país.
Es evidente que varios de los gobernadores que decidieron “tirarle línea” a sus diputados a favor de un alza generalizada de impuestos, como un arma para apoyar el chantaje al que ya habían sometido al Ejecutivo, están pensando en la siguiente elección y, por supuesto, en los fondos que se necesitan para asegurar la simpatía del electorado.
Sin embargo, los últimos resultados en comicios estatales demuestran que esa apuesta puede ser de mucho riesgo. Sólo recordemos un ejemplo: Eduardo Bours Castelló, quien hubiera pensado que el ex gobernador de Sonora iba a perder el estado al final de su administración, cuando recién fue electo, estaba en otra realidad.
Como ex presidente del Consejo Coordinador Empresarial, tenía la misma -o más- interlocución con los grupos empresariales del país que con la clase política tomadora de decisiones. Pero su mandato fue tiempo suficiente para que terminara de pleito con todos los sectores estatales, aunque siempre conservó sus conexiones en lo nacional.
Tuvo incluso en algún momento, control absoluto de los diputados y senadores de su estado, pero la forma en que gobernó y las pugnas que él mismo se creaba, terminaron por hacer perder al PRI en uno de sus estados bastiones.
La misma historia va para el PAN. El gobierno de Querétaro, uno de los estados más industrializados de la nación, cambió de manos después de dos sexenios blanquiazules. En su momento, Francisco Garrido Patrón tuvo también todas las oportunidades que da el poder único de los gobernadores y ni así pudo detener al PRI, cuyo candidato y ahora mandatario, José Calzada Rovirosa, entró a la escena nacional con un discurso de austeridad, eficiencia administrativa y hasta de eliminación del impuesto a la tenencia vehicular.
Es decir, si varios de los gobernadores que en esta aprobación del presupuesto consideraron que la clave de su permanencia política es la de presionar a Hacienda para que el dinero de los impuestos se reparta entre ellos sin ninguna obligación de rendir cuentas, se equivocan.
Los ejemplos sobran cuando se trata de evidenciar que los gobernadores, mandatarios absolutos de sus estados, son los nuevos fieles de la balanza política nacional. La experiencia de muchos de los que cayeron derrotados señala que no hay recursos suficientes para alimentar a un aparato electoral que no tiene dos elementos indispensables: el convencimiento de que se está gobernando bien y el apoyo del grueso de la población sobre lo que hace el mandatario en turno.
Pasarles la factura de esos costos a los ciudadanos de sus propios estados, y de la República en general, es una visión miope sobre cómo funciona la política mexicana en estos momentos. El próximo año, la oposición estatal (de las siglas que sean) reprochará lo que hicieron los mandatarios estatales y la presión económica que sentirán las mismas administraciones no servirá para generar los empleos locales que necesitan para que la gente vea resultados.
Y en las urnas vendrá la revancha, luego la salida del poder y –al final- la venganza en forma de persecución. La misma historia que parecen no entender.

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