Valemadrismo
Si atendemos a las definiciones de los diccionarios, encontramos que el término “conformismo” significa “Práctica de quien fácilmente se adapta a cualquier circunstancia de carácter público o privado” (RAE). Me limito a esta definición porque “valemadrismo” no llega todavía a la Real Academia.
Para el sicólogo social Leon Mann, el conformismo consiste en sujetarse a presiones de grupo. Aunque hay otras causas, siempre se trata de una conducta determinada por el conocimiento o la percepción que tiene un individuo de las normas de un grupo. Mann afirma que el conformista es intelectualmente menos eficaz, socialmente menos maduro, algo desconfiado, rígido, autoritario y que necesita más la aprobación social que el no-conformista.
Conformarnos no siempre es algo negativo. Existen acuerdos sociales como los reglamentos de tránsito, por ejemplo, o los de una escuela, a los que una persona se adhiere para lograr una mejor convivencia con sus pares. En todo caso, la actitud conformista sólo se da cuando el grupo es importante para el individuo, quien a veces es influido al grado de actuar aún en contra de su escala de valores personal, con tal de ganar la aceptación de los demás.
Los mexicanos sufrimos hoy de un fuerte componente de conformismo hacia la vida política y social, y crece como bola de nieve por el efecto que explica Mann y que se refleja en el concepto de Opinión Pública, según el cual ésta es lo que puede decirse en público sin temor al rechazo. Con tales bases es válido decir que, entre más gente calle lo que piensa por temor al rechazo, más crecerá la espiral del silencio. Y en una dimensión comunitaria, eso es caldo de cultivo que alimenta a la situación que origina tal inconformidad.
Últimamente Ciudad Juárez ha gestado grupos ciudadanos integrados por voces sin distingo de afiliación partidista ni credo religioso, agrupados en una dinámica legítima, por su origen civil y porque los promueven gentes realmente movidas. El Observatorio Juarense de Seguridad Pública y Seguridad Social ha logrado reunir a profesionistas, grupos empresariales, asociaciones de derechos humanos, de ciudadanos organizados y de jóvenes que, junto con la sociedad juarense, hoy sábado marchan para hacer oír su voz y exigir acciones efectivas en el problema que más duele a su comunidad. Valga destacar que, por sí solos, ninguno de esos organismos logró antes el éxito incluyente del Observatorio.
Todo mundo sabe que Ciudad Juárez es una comunidad entrona como muy pocas, pero ya nos dijo Le Bon que cualquier creencia generalizada sólo puede subsistir a condición de no ser cuestionada. Yo le creo, así que cuestiono: ¿por qué sólo Juárez puede lograr reaccionar, unida y organizadamente, a esa escala? La respuesta está, a mi criterio, en lo que en México llamamos “valemadrismo”, esa indiferencia social que acepta como verdad -por no batallar- la superioridad juarense y tantos otros mitos.
Aún si los gobernantes no cumplen con sus obligaciones ante la sociedad, sin duda los demás debemos y podemos asumir las nuestras. A nivel individual, comienzan por rechazar el conformismo; cuestionar, pensar y opinar: eso es actuar en nuestra esfera. Eso, y no el valemadrismo, nos llevará a la concordia que todos queremos, sin distingo de afiliación política ni credo religioso. ¿O no?
Publicado en El Diario de Chihuahua

















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