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La sombra de Juanito

Publicado el Miércoles 16 de Diciembre de 2009Comenta esta información
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Foto: Notimex

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Francisco Hoyos

Para quienes piensan que la comedia macabra de Juanito ha terminado, la realidad les enviará una triste notificación: lo que representa el personaje es a partir del viernes un excelente elemento de crítica para resumir en una sola palabra todo aquello que se le puede reprochar políticamente a la izquierda mexicana. En una sola palabra.


Aparecerán entonces cientos de tácticas electorales para denostar con la imagen de Juanito a la nueva alianza de izquierdas que parece haber llegado a un acuerdo preliminar en el pasado congreso refundacional (sic) que celebró el PRD con un eslogan igual de peligroso que el tácito “patrocinador oficial de Juanito” y aludía a que “por ti” el partido “cambia”, lo que lleva a conclusiones más alarmantes (¿cambia porque estaba mal?, ¿cambia porque como está no funciona?, ¿cambia para convertirse en qué?).
En comunicación, la falta de explicaciones puede convertirse en la mejor vía para crear una percepción errónea de los acontecimientos, simplemente porque ante el vacío de información cualquiera –y en este caso fueron los rivales- lo llena con los datos que le convienen.
Desde que Andrés Manuel López Obrador presentó la supuesta solución política a la revocación de la candidatura de Clara Brugada, no hubo una estrategia consistente para comunicarle a la población no sólo las razones de votar por otro candidato, que se reducían al callejón sin salida en que los dejó la resolución del tribunal, sino para explicar qué podía suceder después.
Al inicio, parecía otra maniobra política del tabasqueño y cuando el PT llenó de mantas y pendones Iztapalapa para que Juanito ganara la delegación, la percepción es que el líder social se había impuesto una vez a más a sus rivales, el PRD incluido, para que Brugada ganara finalmente.
Pero al despreciar la formulación de una estrategia de comunicación que previera todos los escenarios cometieron dos errores. El primero fue pensar que Juanito sería inmune a la tentación del poder conociendo sus antecedentes personales. El segundo fue pensar que sus rivales iban a quedarse tranquilos con la decisión de López Obrador.
En el momento en que el primer error se cometió, el mismo tabasqueño se limitó de declarar que Juanito había perdido piso y que ahora formaba parte de la legión de sus detractores. Así, sin más, dejándole al Gobierno de la Ciudad el problema legal y de comunicación para obligarlo a pedir licencia.
Lo que vino después fue una comedia grotesca que ni siquiera se puede decir que los medios o los rivales del lopezobradorismo tuvieron que amplificar; tal y como estaba era el ataque perfecto contra la izquierda y el sistema político en su conjunto. Su peso mediático llegó a ser tanto, que todos los personajes que debieron entrar a dar una explicación reaccionaron a lo que hacía y decía Juanito, en lugar de imponer los argumentos de su agenda.
El desgaste político y la participación de panistas, priístas y perredistas que no deseaban que Brugada fuera la nueva jefa delegacional eran previsibles, pero no hubo una política de comunicación a la misma altura de la operación política (la cual falló hasta en tres ocasiones) para que Juanito y sus alias terminaran por renunciar.
Fue hasta que las formas más turbias de la política entraron en acción, que el delegado electo pidió licencia definitiva.
A esa altura, la imagen de todo el episodio ya era internacional y la única explicación sencilla para resumir esta perla era sólo el ridículo.
Hoy Juanito es un adjetivo y un concepto en si mismo para quien quiera definir al títere del poder, al rey por un día de la política nacional, a todo aquello que no está bien en México. Y los únicos que pagan y pagarán esa factura serán los simpatizantes y los militantes de la izquierda.
Un ejemplo: apenas el viernes, cuando Juanito (no sabemos ya cuál de sus otras identidades es la real) terminaba el pequeño papel en la comedia teatral dedicada a su comedia política, a unas cuadras un taxista se le cerró a otro para ganarle a un pasajero. El primer insulto que se le ocurrió en contra del colega, al percatarse que no era el mismo de la fotografía en el tarjetón, fue gritarle: ¡Pinche Juanito!

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