¡Que devuelvan a Santaclós!
Martha Anaya
Mientras en el zócalo de la ciudad de México nos embuchacamos un trozo de la “Rosca Bicentenario 2010″ –la rosca de reyes más grande del mundo-, los turcos han demandado a los italianos que les regresen los restos mortales de San Nicolás.
Me encuentro la noticia en las páginas del diario español El País. De entrada pensé que se trataba de una broma, pero no es así. Resulta que San Nicolás sí existió y que nació en el siglo III en una ciudad originalmente griega -ahora turca— y sus restos fueron robados por marineros italianos en 1807 y llevados a Bari, en Italia.
Según la tradición, el histórico San Nicolás, cuyo nombre significa protector y defensor de pueblos —un obispo de origen griego considerado santo, nacido en Patara, un antiguo nombre de Antalya y muerto en el distrito de Demre-, adoraba a los niños, entregaba regalos y oro a los pobres y obraba milagros.
Al morir, San Nicolás fue canonizado y venerado en el mundo cristiano. Su popularidad fue tal en la antigüedad, que le han consagrado más de dos mil templos. Pero ocurre que en siglo XI sus restos, como ya mencionamos, fueron robados por marineros italianos y llevados a Bari, depositándolos en la basílica que hoy lleva su nombre: San Nicolás.
Según esta historia, en Alemania, Suiza y Holanda, la vida de San Nicolás dio lugar a la costumbre de que el santo traiga regalos y dulces para los niños el 6 de diciembre, día en que la iglesia celebra su fiesta. Y como en alemán se llama Sankt Nikolaus, lo empezaron a llamar Santa Claus.
Esta costumbre fue popularizada en Estados Unidos por los protestantes holandeses de la actual Nueva York, paganizando al santo católico convirtiéndolo en un mago nórdico llamándolo Santa Claus. De la mitra del obispo no dejaron nada. Lo mudaron de Turquía al Polo Norte, añadieron nieve y un trineo jalado por renos.
La firma de refrescos Coca Cola hizo el resto: lo vistió de rojo y blanco, le puso el gorro y lo convirtió en un adorable anciano gordinflón.
La leyenda aquí narrada ya no explica cómo es que luego se hizo converger la fecha del 6 de diciembre de San Nicolás con el 24 de diciembre, nacimiento del niño Jesús. Pero el caso es que la tradición impuesta por San Nicolás, Santa Claus o santaclós –como quieran llamarle— persiste hoy en día y es una de las festividades más esperadas por los pequeñines.
Todo lo anterior salió a cuento porque el gobierno turco anunció que emprenderá una campaña para lograr que Italia entregue los restos mortales de San Nicolás. El ministro de cultura de Turquía ha anunciado la creación de un museo dedicado a la cultura Licia –una antigua región de Asia Menor en lo que hoy es la provincia de Antalya (ahí donde nación San Nicolás)— y espera que los restos del santo sean parte fundamental del futuro museo.
El caso es que la campaña para que los italianos devuelvan a Santaclós a su lugar de origen ha comenzado. Y mientras tanto, nosotros seguimos saboreando un trocito de esa rosca de 720 metros de largo, 30 centímetros de ancho, y que pesa -¡pesaba!— 12 toneladas y 375 kilogramos.
¡Feliz año para todos!
















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