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Haití, revancha de Washington

Publicado el Martes 19 de Enero de 2010Comenta esta información
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Foto: Notimex

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Rubén Cortés

Al tomar control de Haití por la catástrofe absoluta del terremoto, Estados Unidos tiene la oportunidad de hacer exitosa su primera aventura extranjera en 60 años, desde que su intervención en la guerra de Corea llevó la libertad y la prosperidad al sur de la península.


El armisticio de Panmunjong, julio de 1953, dio a la ex URSS el norte y el sur a Washington. ¿Resultado? Norcorea vive hambrunas cíclicas y bajo un régimen sanguinario de partido único; Surcorea se rige en democracia y es el decimosegundo país más desarrollado del mundo.
Y antes, tras la II Guerra Mundial, la preeminencia estadounidense en Europa Occidental significó florecimiento político y económico; mientras que la influencia comunista en el Este fue un desastre de medio siglo hasta la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.
Sin embargo, desde Vietnam hasta Irak, pasando por Afganistán, van seis décadas de presencias fallidas de Estados Unidos en el extranjero, continuadas, además, por un agrio sentimiento antiamericano de niveles universales durante la administración Bush (2000-2008).
Hoy, con una dirigencia progresista —encabezada por un negro, Obama, y una mujer, Hillary; monitoreada por demócratas de prestigio mundial, Jimmy Carter y Bill Clinton— Haití es la posibilidad para recuperar su liderazgo político y humanitario.
Sobre todo, porque esta vez no van las armas por delante, sino con el mayor esfuerzo de ayuda humanitaria en sus 200 años de historia, con 10 mil efectivos en misión de paz y, a la vanguardia, el “Confort”, un hospital flotante de mil médicos.
Pero nada harán con declaraciones: “La ayuda no durará un mes, será eterna”, Obama. “Estamos preparados para quedarnos el tiempo que haga falta”, el jefe de Operaciones Navales, almirante Gary Roughead.
Haití es zona de pillaje, caos y enfrentamientos gangsteriles: un país acostumbrado a peleas por comida y ropa, machete en una mano y pistola en la otra… aunque nada diferente a lo que encontró Estados Unidos en Irak el 9 de abril de 2003, tras la huida de Sadam.
Entonces no supo actuar e Irak se convirtió en tierra de nadie en medio de un pillaje bíblico: coches cargados con dos televisores delante del parabrisas, dos encima del techo y dos en la cajuela sin cerrar, gente robando sillas rotas, colchones, muslos de corderos.
Tipos que asaltaban en la calle con bazookas, ambulancias con heridos y furgonetas de periodistas desvalijadas delante de los soldados estadounidenses, matones que cobraban 10 dólares por asesinar a cualquiera.
Y Estados Unidos no hizo nada. Esta vez, en cambio, puede hacer algo que no ha podido nunca y es, en cambio, clave para no usar la violencia que lo ha desprestigiado siempre:
Mostrar los dientes para no tener que morder.

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