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Los padres de usted son homosexuales

Publicado el Viernes 5 de Febrero de 2010Comenta esta información
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pareja
Alejandro Sánchez

Hagamos un ejercicio rápidamente. Usted que fue niño de primaria recordará cómo son los compañeros de salón o cómo es usted con los compañeros de aula en esta etapa de la vida. Entonces si se remonta a aquellos años mozos ¿cómo cree que reaccionarían sus camaradas si a una junta de firma de boletas llegaran de la mano dos hombres de traje y barba (o sin traje y sin barba; uno con barba y otro no; o viceversa, que la pareja fuera de mujeres) y después de escuchar al maestro echar una letanía sobre el aprovechamiento escolar, uno de los integrantes del matrimonio se despidiera de beso del otro o de la otra frente al salón. Después usted tendría que reconocer ante la chiquillada que son sus padres y forman una familia.


El tema viene a cuento porque a pesar de que en el DF la ley permitirá, a partir del 4 de marzo, a las parejas homosexuales adoptar hijos, hay matrimonios entre personas del mismo sexo que se adelantaron desde hace años a la realidad. Decidieron vivir su amor y tener hijos con o sin permiso de la ley civil. En los últimos días se presentaron dos historias en estas circunstancias, pero con impactos totalmente diferentes.
El fin de semana, la periodista Patricia Godoy, reportera de Cadena Tres, hizo un trabajo de investigación sobre la historia de un niño que tiene dos mamás y su texto lo empezó así:

El día que Constanza platicó a sus compañeros de escuela que existen familias que tienen dos mamás, éstos le respondieron que eso era imposible. Pero ella insistió: “Sí, sí es posible. Yo tengo dos mamás.”
Ivone Cervantes y Ángela Alfarache son las madres de esta niña que a sus seis años de edad habla de la diversidad con la misma soltura con la que colorea sus libros.
“Le hemos enseñado que hay familias de muchos tipos, que tiene que aprender a respetar a todas y sobre todo que ella se tiene que dar a respetar. La niña sabe que hay familias que tienen dos mamás, otras dos papás, o sólo una mamá, o un papá”, explica Ángela.
Las tres mujeres forman una familia -llamada por la antropología “homoparental”, o “diversa”, por la sociología-. Ivone y Ángela tienen juntas 16 años y hace seis decidieron que Constanza llegara al hogar.
“Nos preparamos desde antes de que llegara. Y ahora educarla ha sido todo un reto de mesura, de calma para criar y crear a una persona con valores tan importantes como el respeto, la tolerancia y amor”, comenta Ivone.
La tarde en la que transcurrió la entrevista, Constanza hacía la tarea. Sobre la mesa del comedor, coloreaba un libro con dibujos de animalitos.
Y aunque ellas ya tienen a Constanza, aclaran que la posibilidad de adoptar que les brinda ahora el Estado “permite a las familias como la nuestra, en la que solamente una de nosotras figura legalmente como madre, que se amplíe ese derecho a la otra.”
-¿Y piensan casarse?
“Sí, claro, nada más estamos esperando al 4 de marzo (fecha en la que comienza la aplicación de la reforma)”, responde Ángela. “Claro que nos vamos a casar porque es una fiesta, es un paso muy importante hacia eras más civilizadas”, secunda Ivone.
Y Constanza, desde su universo infantil, ya se imagina llevando el velo de una de sus dos mamás: “Yo voy a cargar el velo y a mí también me van a poner un vestido de novia pequeña”.
Lo que aún la niña no ha decidido es a cuál de las dos le cargará el velo, si a mamá (Ivone) o a mami (Ángela).

Cuando leí la historia de mi compañera le dije que le había dado al clavo por haber dado un paso más allá periodísticamente en uno de los temas más polémicos en los últimos tiempos, tanto o más que el aborto. Y el comentario a mi compañera lo hice, no precisamente por estar de acuerdo en todo lo que escribió, pues consideré que necesitaba ver una historia opuesta. Sin embargo, puso el dedo en la llaga. Y un par de días después encontré la otra cara de la moneda.
El corresponsal de Milenio Diario en Oaxaca, Oscar Rodríguez, narró la historia de un niño con dos papás del mismo sexo pero con secuelas diametralmente opuestas. La vida de este niño no es color de rosa, sino catastrófica y su escrito arranca de la siguiente manera:

Adrián no es un niño común, tiene siete años y estuvo a punto de quitarse la vida por problemas de discriminación y de tipo social por vivir en un matrimonio conformado por dos mujeres.
Le quitó el cable a la plancha para colgarlo en la regadera del baño de su casa y ahorcarse. En la agonía fue salvado por una vecina. Logró ser trasladado a un hospital, donde tras restablecerse, tuvo que ser sometido a un tratamiento psicológico. Sufre depresión infantil.
Su psiquiatra, Leonel Gómez, terapeuta infantil en el Hospital Psiquiátrico Cruz del Sur, en Oaxaca, revela que fue una dura experiencia el caso del menor, quien terminó por deprimirse por no entender la familia a la que pertenecía.
Aunque presumía por contar con dos madres, sufría duras y constantes críticas en el colegio por no tener un padre.
“Estaba desconsolado, triste, nadie lo entendía y ese quizás fue uno de los factores que causaron su depresión”.
Gómez admite que en ocasiones depende del temperamento del menor para superar una situación, lamentablemente en este paciente no ocurrió así.
Agrega que se dialogó con la pareja de mujeres, lográndose un equilibrio en ambas. “Les pedimos coherencia, ya que una era más agresiva que la otra. Una lo dejaba jugar y la otra lo reprimía por hacerlo”.
En Oaxaca las autoridades locales están contra una reforma a la ley de convivencia, apuesta que da certeza jurídica a personas del mismo sexo que cohabitan.
La diputada perredista Guadalupe Rodríguez calificó a los oaxaqueños como mochos y reprueba que no haya condiciones para hablar de pluralidad en la integración de la familia y el respeto a la diversidad sexual.
Ante el caso del menor, el secretario de Salud federal, José Ángel Córdova, minimizó lo ocurrido, y calificó el incidente de circunstancial.
Argumentó que no hay elementos ni pruebas científicas para comprobar que la actitud del menor fue consecuencia de un matrimonio entre homosexuales.

Usted con cuál de las dos historias se identifica más. ¿La del niño con dotes para convencer a sus compañeritos del entorno social en que se mueve, para que lo respeten y dejen vivir una vida normal? ¿O la del pequeño que no pudo y la burla y discriminación que lo sumieron en una depresión infantil que lo orillaron a un intento de suicidio?

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