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Repensando México II

Enviado por en 16/02/2010 – 01:59 Un Comentario

Roberto Velasco Álvarez

Pedro Ferriz encabeza un movimiento llamado “Revolución del Intelecto”, que tiene como punto central de su agenda la eliminación de los diputados plurinominales. Pedro me parece una excelente persona, cuando coincidimos en mi breve paso por Cadena Tres, fue siempre cordial, amable y respetuoso. Sin embargo, con todo el respeto que me merecen él y las 200 mil personas que firmaron su petición, no podría estar en mayor desacuerdo con la misma.
El interés que generó la propuesta habla de un creciente involucramiento de la ciudadanía en temas políticos. Aún así, se torna en un debate maniqueo y desinformado. Desconoce el origen de la representación proporcional, su historia, funcionamiento, alcances y perspectivas actuales.
La propuesta ha sido lanzada sin un verdadero fundamento, de manera un tanto irresponsable, y amerita un profundo análisis. El decálogo de reformas propuestas por Felipe Calderón anda por un camino similar al proponer la reducción del número de diputados plurinominales. Es un tema recurrente porque atiende un clamor popular de castigo a nuestros legisladores y políticos. Pero hagamos algunos ejercicios antes de saltar a una conclusión.

Un mundo sin plurinominales

Tomemos una Cámara de Diputados con únicamente 300 diputados elegidos por mayoría simple en distritos uninominales. En 2006 el PAN habría tenido 136 diputados; el PRD, 89; el PRI, 65; Convergencia habría tenido 6 diputados; el PVEM, ninguno y el PT, 2, ninguno para el resto de los partidos. Lo anterior con una votación, respectivamente, de 33.39, 28.99 para la alianza Por México y 28.21 por ciento para la alianza Por el Bien de Todos.
En 2009, el PRI habría obtenido 184 curules; el PAN, 70; el PRD, 39; el PVEM, 5; el PT, 3 y ninguno para el resto de los partidos. Lo anterior habiendo obtenido, respectivamente, 36.75 por ciento de la votación, 28.01 por ciento, 12.2, 6.52, 3.57 y 5.95 por ciento para el resto de los partidos.
Lo anterior nos arroja que en 2006 el PAN habría tenido una sobrerrepresentación de alrededor del 35 por ciento, el FAP estaría en el mismo caso con alrededor de un 11.5 por ciento y el PRI habría tenido una subrepresentación del rango del 25 por ciento. En 2009 habría sido aún más escandaloso: el PRI tendría más del 60 por ciento de los espacios con una votación de únicamente el 35, una sobrerrepresentación de más del 70 por ciento; en ese mismo escenario, todos los demás partidos, con una votación del 65 por ciento, ocuparían únicamente el 40 de los espacios camerales. Una gran paradoja, pues un partido con una votación minoritaria tendría mayoría absoluta, lo que sería equivalente a una subrepresentación de todas la fuerzas políticas que no fueran el PRI de más del 60 por ciento.
Lo anterior pretende ilustrar una realidad: las votaciones de mayoría simple en distritos uninominales distorsionan de manera importantísima la composición de las Cámaras y la representatividad de las fuerzas políticas. Una de las principales funciones de los diputados plurinominales es corregir esas enormes desviaciones y entregarle a cada partido el número de diputados que corresponda con su porcentaje de votación efectiva; lo anterior quiere decir algo que Ferriz y Calderón pasan de largo: entre más plurinominales, más coincide la composición del cuerpo legislativo con la votación obtenida por cada partido.

Reducir el tamaño de la Cámara de Diputados

Hay varios motivos por los cuales diversos actores proponen reducir el número de diputados y senadores. La mayoría son falaces y pierden de vista los problemas reales. Uno de ellos es que si se reduce el número de legisladores, de manera automática se aumentaría la productividad legislativa, principalmente porque entre menos diputados, más fácil sería la construcción de acuerdos. Ese argumento plantea una realidad completamente falsa. El trabajo de las cámaras está estructurado en base a comisiones legislativas, comités y juntas que articulan el trabajo en grupos fraccionados y de menor tamaño.
Adicional a lo anterior, en nuestro país los cuerpos legislativos se agrupan en fracciones parlamentarias de partido, donde existen altos grados de disciplina, por lo que la negociación es estructurada y escapa al número de integrantes de las fracciones. La operación se da entre coordinadores parlamentarios, integrantes de comisiones, etc.
Por otra parte, optar por una reducción motivada por cuestiones económicas, implica también un razonamiento simplista. En lugar de transparentar y rendir cuentas de los recursos ejercidos, de aplicar criterios de austeridad en el otorgamiento de prestaciones a legisladores y altos funcionarios de la jerarquía parlamentaria, se opta por la opción más sencilla y quizás la que menor ahorro generaría: desaparecer curules o escaños. Podemos tener 400 o diez diputados, pero si entre ellos se reparten el botín dentro de la opacidad que gozan, nos seguirán representando el mismo costo. Para ilustrar lo anterior recordemos la millonaria cuenta de galletas de la legislatura pasada.
Ahora bien, si lo que se pretendiera fuera modificar la integración de la Cámara de Diputados, deberíamos pensar en reducir proporcionalmente el número de legisladores uninominales y “pluris”, con la conciencia de que si esto no fuera acompañado de otra serie de reformas, no serviría de absolutamente nada.
Si lo que se pretende es mejorar la representatividad de los diputados plurinominales, pensemos en un sistema de listas abiertas, como sucede en la mayoría de los países desarrollados que han adoptado ese sistema.

Los “pluris” en el mundo

Ahí estriba otro dato impreciso. A nivel internacional, de acuerdo a datos del Dr. José Woldenberg, la tendencia es de sistemas de representación mixta o representación proporcional pura. Entre los países que integran esa disposición se encuentran Alemania, España, Portugal, Finlandia y Suecia, entre otros países europeos. En Latinoamérica han adoptado estos sistemas Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana, Nicaragua, Perú y Uruguay, estos tres últimos adoptaron la representación proporcional pura. El modelo de distritos uninominales funciona principalmente solo en Estados Unidos y Reino Unido, que tienen sistemas políticos profundamente diferentes al nuestro.
Por otra parte, también observemos que el origen de la representación proporcional en nuestro país no se encuentra únicamente en componendas y reclamos ajenos a la sociedad, como a veces se quisiera hacer creer. La raíz se encuentra en la necesidad de abastecer de una cuota de pluralidad al Congreso de la Unión. Los “pluris” datan de 1977, ya que antes de ello el Partido Revolucionario Institucional llegó a obtener el 97 por ciento de los asientos parlamentarios.
Si queremos avanzar en el funcionamiento de nuestro Congreso, pensemos en reelección, en la defensa de las minorías parlamentarias, en la institucionalización de las Cámaras, en la transparencia y la rendición de cuentas, en regular el cabildeo y los conflictos de intereses, etc. No caigamos en falsos debates y en búsqueda de soluciones simplistas, que solo maquillan los problemas sin llegar al fondo de los mismos. ¿Twitteamos?

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