César Nava, políticamente muerto
Martha Anaya
El estilito del dirigente panista, César Nava, no cae bien a muchos. Lo demuestra el sondeo que realizó ayer El Universal en su página de internet, donde preguntó a los cibernautas si avalaban el rechazo priísta al permiso que solicitó Nava para separarse de su cargo como diputado para incorporarse a las campañas del blanquiazul.
La respuesta fue contundente. Hasta las cinco de la tarde de ayer, el 70.5% se manifestó de acuerdo con el voto priísta por el rechazo a la solicitud de César Nava y 19.5%, en contra de la actitud que tomaron los diputados de la bancada coordinada por Francisco Rojas.
La verdad es que los resultados no sorprenden. César Nava es un higadito. No tiene el menor carisma, su estilo atildadito, sin encanto, sin alegría, sin una carrera política sólida detrás –su paso fulgurante por la administración se lo debe a su amistad con Felipe Calderón y punto-, le han ganado más rechazo que aceptación entre la gente.
Si a ello le añadimos la exhibida que le dio el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, con su renuncia al PAN, y lo que se ha conocido después a propósito del pacto que avaló el propio Nava con el PRI en contra de las alianzas. Y luego se desentendió, pues a la mala imagen personal le suman la de “traidor”.
Y eso, por lo visto, no lo aceptan ni los propios simpatizantes panistas.
Tan no lo aceptan que un acto como el que vimos el martes en la Cámara de Diputados, de mera revancha del PRI contra el dirigente panista, es avalado por una abrumadora mayoría de tres a uno.
La verdad es que el morelense, a sus 35 años de edad, se ha ganado una imagen más cercana a lo siniestro que a la admiración.
Cierto que los resultados que obtenga el PAN el próximo 4 de julio definirán en buena medida su carrera política. Si el PAN en alianza con el PRD quita de manos del PRI alguna gubernatura, no faltarán quienes lo cubran de elogios y lo sitúen como un gran Maquiavelo. Pero…
El pero es que en política, quien no hace honor a su palabra y rompe los acuerdos –sean éstos buenos o malos, éticos o no éticos; esa es otra discusión-, está prácticamente muerto.
Y si a ello le sumamos su propia soberbia, de César Nava no quedará gran cosa en poco tiempo. En un futuro no muy lejano tendrá que refugiarse en los sótanos del PAN o mudarse a la iniciativa privada porque en términos políticos ya no es confiable.
En la sesión del martes, en San Lázaro, lo exhibieron y se mofaron de él los priístas. Y aunque hoy dejarán que pase el trámite de su solicitud de licencia sin mayor problema, los priístas le tienen guardado lo peor. Lo de ayer fue tan sólo “una travesura” frente a lo que le espera al hoy Presidente de Acción Nacional.

















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