De mentirosos y chismosos
Martha Anaya
El final del debate retrataba vivamente lo ocurrido en el salón de plenos de San Lázaro:
El recinto, divido en dos bandos: los panistas, a gritos, acusaban a los priistas: “¡Mentirosos! ¡Mentirosos!; y los priistas, de pie, reviraban a coro: “¡Chismosos! ¡Chismosos!”.
En la tribuna, el diputado mexiquense Alfonso Navarrete Prida, defendía al gobernador de su Estado, Enrique Peña Nieto, y demandaba la conformación inmediata de una Comisión para investigar las acusaciones que se le hacen a César Nava en el libro “Camisas Azules, Manos Negras” por el saqueo de Pemex desde Los Pinos.
Francisco Ramírez Acuña, amenazado momentos antes por los priistas de ser destituido de la presidencia la Mesa Directiva, respondía que la petición debía seguir el trámite legislativo consabido, a lo que los tricolores protestaba al más puro estilo foxiano: “¡Hoy! ¡hoy! ¡hoy!”.
A uno y otro lado del orador –el priista Navarrete Prida-, legisladores panistas exhibían planas enteras del periódico Reforma en las que aparecían las declaraciones del coordinador de la bancada priista, Francisco Rojas, en las que reconocía que se había negociado la reforma fiscal a cambio de las no alianzas.
A unos pasos, en la misma tribuna, priistas mostraban por todo lo alto el libro de las “Manos negras” y panistas alzaban a su vez el libro “Si yo fuera Presidente”, en el que el periodista Genaro Villamil exhibe al gobernador mexiquense como el candidato de Televisa.
Y en medio de todo ello, gritos y acusaciones de uno y otro lado, mientras -¡qué paradoja!— el petista Gerardo Fernández Noroña terminaba haciéndola de mediador y hasta de defensor de Ramírez Acuña por la conducción de la sesión.
Pero a todo esto, ya la batería de oradores que había subido a la tribuna desde las 11 de la mañana, se había llevado entre las patas no sólo a César Nava, a Beatriz Paredes y a Enrique Peña Nieto, sino al propio Presidente Felipe Calderón.
¡Polígrafo!, habían demandado los panistas para Beatriz Paredes. A lo que ella accedió. Pero sus correligionarios, en voz del diputado Guevara Ruiz, demandaron a su vez que “el mentiroso mayor” también se sometiera a éste. Y la gritería no se hizo esperar: “¡Calderón! ¡Calderón!”.
-¡Que se le haga un exhorto a Calderón para que se someta al polígrafo!-, insistió desde su curul la priista Yolanda de la Torre, entre nuevos gritos burlones de “¡hoy! ¡hoy!, por el lado priista, y de ¡Calderón! ¡Calderón!, por los panistas.
Pero eso no fue lo peor que le tocó al Jefe del Ejecutivo. Luego de que la panista María Elena Pérez de Tejada encendió los ánimos de los priistas al mencionar que se decía que Peña Nieto había asesinado a su esposa, los golpes priistas le cayeron al por mayor a Calderón. Van algunos:
Estaba al habla Oscar Levin Coppel cuando la también priista Sofía Castro le pidió que le preguntara a César Nava si estaba dispuesto a ir también al alocoholímetro. Lo que Levin aprovechó para una carambola con su respuesta: “Sobre el estado de embotellamiento de los personajes que hoy nos gobiernan prefiero no hacer comentario…”.
Más aún, concluiría su intervención con un pronóstico: “Tendremos un nuevo Presidente porque ya con éste no se puede gobernar”.
Al poco rato, el coahuilense Rubén Moreira asestaría por cuenta del PRI:
“¡Es cierto, Felipe Calderón es espurio! Y las cosas van de mal en peor… El gobierno de Calderón se acabó, porque está encerradito en Los Pinos rodeado de guardias; porque se le olvida que es Jefe de Gobierno y Jefe de Estado.”
-¿Quiere decir usted que ya no lo apoyan?-, interrumpió desde su curul Mario di Constanzo.
Moreira respondió:
-Calderón entró por la puerta de atrás y prometió gobernar para todos… ¡También en eso nos traicionó!
Subió entonces a la tribuna Porfirio Muñoz Ledo. Habló así:
-Hemos escuchado verdades a medias, mentiras completas. Y una verdad es que desde 1988 hubo un gran fraude y en 2006 otro. Qué concluimos de todo lo que se ha dicho: que hubo una alianza política por razones de estabilidad, según nos han dicho. Si esa alianza se ha roto, como vemos, la gobernabilidad del país está quebrada. Les propongo que reconstruyamos la gobernabilidad… ¡vamos a un gobierno interino! Ha llegado el momento de que esta Cámara tome una decisión histórica. El horizonte no está en el 1012, la cita es hoy, en el 2010. Es el año que tenemos que rescatar el futuro de la política.
Se hizo el silencio. Las cosas habían llegado hasta ese punto.
El panista Javier Corral entró al quita y cambió el rumbo que había tomado el debate. Volvió las baterías hacia Peña Nieto. Lo acusó de haber sido él quien solicitó las no alianzas a cambio del aumento de impuestos, de haber “azuzado” a sus respectivos dirigentes a firmarlo a cambio del voto en el Senado por el aumento de impuestos.
César Nava insistió en ello una y otra vez. Que el PRI llevaba 70 años de estar mintiendo y lo seguía haciendo “sólo que ahora con copete y gel”.
Beatriz Paredes, desde su curul, leyó entonces la declaración hecha por Fernando Gómez Mont en el sentido de que el acuerdo se había suscrito para construir gobernabilidad en el país. ¿Miente el secretario de Gobernación?
Nava le recordó que Gómez Mont declaró igualmente que en todo momento de la negociación del acuerdo estuvo a cargo del PRI la aprobación del paquete económico en el Senado.
La dirigente priista ya no pudo revirar a ello. Guardó silencio.
Pasaban de las 4 de la tarde cuando el debate concluía y los mismos gritos seguían escuchándose de uno y otro lado: ¡mentirosos! ¡chismosos! ¡mentirosos! ¡chismosos!

















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