La injerencia de EU

Foto: Notimex
Rubén Cortés
El asesinato el sábado de dos ciudadanos estadounidenses en Ciudad Juárez es el tipo de pretexto que en Estados Unidos esperan la derecha, los neocon y los halcones de West Point y del Pentágono para declarar a México un Estado fallido.
“No podemos darnos el lujo de tener un vecino así”, advirtió en un memo del 29 de diciembre de 2008 el general retirado Barry McCaffrey a los coroneles Michael Meese y Cindy Jebb, de la Academia Militar de West Point.
Ahora, del crimen de la empleada consular Lesley A. Enríquez y su marido Arthur H. Redelf, y del mexicano Jorge Alberto Salcido, esposo de otra empleada consular, se ha encargado nada más y nada menos que el Consejo Nacional de Seguridad.
Hillary Clinton deploró el asesinato, el embajador Pascual se declaró “conmocionado”, el Departamento de Estado alertó a sus ciudadanos que viajen a México y la Casa Blanca autorizó a sus diplomáticos de la zona fronteriza a sacar a sus familiares.
Sin embargo, el Consejo de Seguridad Nacional emitió el comunicado oficial: “El Presidente está indignado, trabajaremos incansablemente para llevar a los asesinos ante la justicia”.
Están indignados y sacando familiares. ¿Qué más falta que hagan? Por lo pronto, The New York Times publicó ayer que “el FBI envió agentes a Ciudad Juárez para investigar el asesinato”.
Y Roberta S. Jacobson, segunda de Hillary Clinton para Asuntos del Hemisferio Occidental, advirtió que “nosotros tomamos muy en serio cuando nuestros empleados son lastimados”.
El crimen tiene los ingredientes de una bomba y les aporta argumentos de ingobernabilidad —ciertos o no— que buscan para declarar la violencia en México como asunto de seguridad nacional para ellos.
Su preocupación se expresa en dos carriles:
—Podría desestabilizar al gobierno mexicano y poner en riesgo la viabilidad de sus propias instituciones.
—Podría rebasar la frontera e invadir Estados Unidos, lo cual significaría un riesgo para su seguridad nacional.
Mientras, acumulan razones: este fin de semana registró 71 ejecutados, 29 en Acapulco, en plena temporada del “springbreak” de estudiantes norteamericanos y de puente vacacional nuestro.
Pero lo peor del asesinato en Ciudad Juárez es que pasa a ser una cuestión de soberanía nacional, provocando que Washington se crea con derecho a venir a investigar o reforzar la seguridad de su personal por medios más allá de los que contempla Naciones Unidas.
También les aviva un objetivo antiguo: romper la tradicional resistencia del Ejército mexicano a acercarse a los militares de Estados Unidos y acceder a nuestra inteligencia político-militar, mayor mercado para su industria armamentista y más control para enfrentar “riesgos” para su seguridad nacional, como la violencia y los movimientos sociales.
El asesinato de ciudadanos estadounidenses aquí, les está dando todos los pretextos.















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