“La ética, la estética y la patética”

El Ñor
La tarde del 2 de Febrero de 2003, David Silveti impactó a los asistentes de la Plaza México toreando con el corazón y abandonándose impregno de arte hasta los cimientos de la plaza con un toreo paralelo que hoy difícilmente se puede ver. Nadie sabía en ese momento que meses después, víctima de una fuerte depresión causada por un retiro forzoso “El Rey David” se quitaría la vida disparándose con un arma de fuego.
Nacido en la Ciudad de México el 3 de octubre de 1955, David Silveti, hijo y nieto de torero, necesariamente tenía que abrazar la profesión, su abuelo Juan Silveti “El Tigre de Guanajuato” comienza con la dinastía torera allá por el año 1915, siendo un torero de un valor espartano y un carácter recio y arrebatado que le acarrearon un sinnúmero de problemas y otro apodo: “Juan Sin Miedo”.
Después vino su padre Juan Silveti Reynoso que se destacó por un toreo clásico, de mucha solera y que gustó mucho al público español en Madrid y Sevilla allá por los años 50’s.
David hereda de su padre, el empaque y la clase, mismas cualidades que desarrolla hasta profundizar en tres conceptos: la ética , la estética y la patética, que según palabras del propio matador en una entrevista que le hicieron, consiste en lo siguiente: “En la ética están englobados todos los profesionales del toreo y es la ejecución técnica y consecuente de la actividad que desempeñamos; la estética, es el gusto por torear según el sentir de cada uno, ser fiel a un concepto y no salirte de esa línea; y la patética, es un sentimiento muy profundo de lo que cada torero puede expresar a través de su toreo.”
David Silveti era un torero que prácticamente se inmolaba cada tarde que salía a torear con actuaciones que eran una auténtica reivindicación de los valores de la tauromaquia, que cuando estaba bien podía hacernos llorar de la emoción de ver un torero con tanta pureza y entrega din importar el caer herido.
Siempre estuvo aquejado por graves y permanentes lesiones en las rodillas que le mermaron facultades físicas, pero le templaron el carácter y le hicieron un hombre fuerte de espíritu. Recuerdo una noche de Invierno de 2002, platicando con él me contaba entusiasmado que después de siete años de retiro obligado, iba a reaparecer en la Plaza México, que se había preparado a conciencia y que estaba “hecho un roble”, a lo cuál yo pregunte: si tu problema son las rodillas y no puedes correr, ¿Qué vas a hacer en el ruedo cuando te apriete un toro?, me miró fijo a los ojos y contestó irónicamente: “Yo jamás corro en la cara de un toro”.
Genio y figura, con una expresión propia e intensa, gran personalidad que cautivaba masas por su dramatismo, “El Rey” está encasillado entre los toreros históricos por su toreo patético, la mayoría de los cronistas taurinos lo instalan junto a Juan Belmonte, Silverio Pérez, Manolete, Rafael de Paula y José Tomás, casi nada.
Ahora anda su hijo Diego en las filas novilleriles haciendo campaña en la madre patria y dicen los entendidos que tienen “Patas Pa´Gallo”, así sea y que la gran dinastía Silveti continúe para bien de la Fiesta Brava en México que tan ayuna de figuras se encuentra desde hace años.
David decide quitarse la vida un 12 de Noviembre de 2003, quizá desesperado por ya no poder hacer los que más quería y le gustaba, torear. No falta quien reproche este tipo de decisiones. Espero nosotros –sus cabales- siempre le recordaremos con cariño y admiración, hacia el amigo, hacia el torero.















Escribe un comentario