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Miércoles 19 de Diciembre de 2018

El novelista histórico debe convertir a los héroes de México en hombres de carne y hueso

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Al continuar las Mesas Redondas y Entrevistas  “Los Escritores, la Asamblea y los Bi-centenarios” organizado por la Coordinación General de Comunicación Social de la ALDF, en el marco del tema Episodios de la Historia, los hechos que le dieron rostro a México, correspondió compartir experiencias y relatos al periodista  y novelista David Martín del Campo, quien posee una basta aportación literaria de más de 20 narrativas, la mayoría relacionada a los acontecimientos del México contemporáneo.

 

Martín del Campo, de sencilla y afable conversación desmitifica en sus obras a los héroes oficiales de la historia, porque dice: “el novelista hace a los participantes de la historia hombres de carne y hueso, con sus enormes defectos, sus exitosas virtudes y quita el velo de ícono nacional a quien fue sólo un libertador o revolucionario como tantos miles”.

 

Tal es el caso del cura Hidalgo, que tuvo sus veleidades, que pecó como cualquier cristiano, pero que la literatura oficial quiere encubrir como un personaje intachable; pero los novelistas, insistió, n los hacemos hombres.

 

El creador de libros como “Alas de ángel”, “El año del Fuego”,  “Quemar los pozos”, “Cielito Lindo”, en donde narra y detalla pasajes de los hombres que hicieron historia en el país, destaca que el historiador, el novelista rescata los hechos y actores de la historia, como lo destaca en su libro “Cielito Lindo” que es una narrativa de la expedición militar mexicana del Escuadrón 201 rumbo a Japón, pero al hacer escala en el archipiélago filipino (Manila) en donde los pilotos viven experiencias propias de jóvenes de entre 22 y 25 años de edad, entre  la buena vida, las mujeres y la diversión, “fueron hombres de carne y hueso”, insiste el novelista.

 

En la sesión de preguntas al convidado, se le cuestionó si el novelista miente, aunque sea poquito, al desarrollar su trabajo, “desde luego, responde, nos apoyamos en documentos y entrevistas, a las que salpicamos de algún “mentirilla” para hacer ameno, real, creíble el relato”.

 

La historia de los hechos debe escribirse luego de 5 o 6 años de pasado el suceso, pues de inmediato se convierte en crónica, relatos fríos, duros, rígidos, carentes de atractivo, vivencias y realidades.

 

Las Mesas Redondas y Entrevistas con los novelistas que reseñan la historia de México seguirá con otros connotados escritores en el recinto legislativo de Donceles y Allende.

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