Las alas de Josefina
Raymundo Riva Palacio
Josefina Vázquez Mota tiene algo que la ha hecho llegar primero a lugares clave para tomas de decisiones en la última década. Fue la primera mujer que ocupó la cartera de Desarrollo Social en el gobierno de Vicente Fox, y la primera en llegar a la Secretaría de Educación Pública en el de Felipe Calderón. Fue la primera mujer en ser coordinadora de una campaña presidencial, y la primera panista en ser la jefe de todos los diputados de su partido en San Lázaro. Ahora es la primera mujer en el PAN, un partido históricamente misógino, que encabeza sus preferencias presidenciales.
Ese algo, confía Vázquez Mota, es trabajo. “Mucho trabajo”, insiste. “Vaya que me ha costado”.
En el gobierno de Fox formó parte de un equipo que se cruzó con la ambición de otra mujer, Martha Sahagún, quien desde la Presidencia construyó un gabinete social alterno exclusivamente para sus fines políticos. Sahagún, que abrigó en un momento una expectativa de ser candidata a la Presidencia, se le atravesó a Vázquez Mota en sus estrategias de beneficencia social, pero la entonces encargada de la política social se cuidó de no pelear jamás con quien se convirtió en la esposa del Presidente.
Desde la Secretaría de Desarrollo Social se la jugó en 2005 con Felipe Calderón, aún cuando fue despedido por Fox de la Secretaría de Energía por un destape adelantado que desafiaba el deseo presidencial de apoyar al ahora senador Santiago Creel. Fox permitió el juego y Vázquez Mota respaldó a Calderón, de quien había sido compañera de una legislatura en la cual fue parte de la burbuja de poder panista en San Lázaro donde figuraban el ex secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y el actual responsable de la política interna, José Francisco Blake.
Calderón la invitó a dirigir su campaña a finales de 2005, y ahí comenzó un largo periodo de aprendizaje por la fuerza. El arranque de esa campaña fue un fracaso y el equipo íntimo de Calderón, jóvenes, fogosos y belicosos, se lanzó por su cabeza. La intrigaron, la arrinconaron, la golpearon y, finalmente, provocaron que Calderón incorporara a Mouriño en el diseño y manejo de la campaña del día con día. Vázquez Mota aguantó y fue una pieza clave, muy poco reconocida en público, en el rescate financiero de la campaña de Calderón cuando se quedó sin fondos en la recta final. Ella fue con los empresarios de Monterrey para hacer una recaudación de dinero de emergencia, con lo cual se evitó un naufragio antes de llegar a puerto.
Con Calderón instalado en Los Pinos, ella llegó a la Secretaría de Educación Pública, donde libró una batalla con otra mujer, Elba Esther Gordillo, la líder del magisterio oficial. Gordillo fue brutal contra Vázquez Mota. Hasta ignorante le dijo una vez durante una entrevista. La entonces secretaria, sonreía y apretaba el hígado. Su cabeza estaba en otro lado: la Presidencia.
Desde hace dos años se planteó ese horizonte en su vida pública, pero en realidad venía trabajando en ese sentido hace más tiempo. Desde Desarrollo Social había cooptado intelectuales y periodistas, a los que pagaba estudios coyunturales o mantenía en su nómina como asesores, comprando de esa forma inmunidad. En Educación Pública la empezaron a acelerar algunos de sus asesores con las mieles de la Presidencia que la llevaron a un punto de choque con el equipo de Calderón en Los Pinos que provocó su salida de la dependencia.
Vázquez Mota tuvo que salir de Educación Pública en una coyuntura de difícil decisión: ir a la Cámara de Diputados. No sería la líder del Congreso, pero se quedó con la coordinación de la bancada panista, desde donde reconstruyó su relación con el Presidente al grado de mantener hoy una intensa comunicación con él a través de sus Blackberry, y lograr el respeto profesional que no había obtenido antes.
Ese respeto se volvió clave en estos días. Desde principios del año pasado el equipo de Calderón afirmaba que la obligarían a ser candidata del PAN al estado de México, a lo cual ella se negó tajantemente. Hacía tiempo había cambiado su cosmogonía política de lo local a lo nacional y pese a las presiones en Los Pinos, el Presidente nunca le pidió irse a esa candidatura. De hecho, Calderón reconocía que le había pedido tantas cosas, que no podía solicitarle ese deseo.
Vázquez Mota lo atajó de cualquier forma. Antes de quedar atrapada, lo fue a ver a Los Pinos en forma privada –lo ve cada miércoles en comidas de trabajo con un grupo de estrategia- para pedirle dos cosas: piso parejo y juego limpio. O sea, que en la lucha por la candidatura presidencial fuera imparcial y que no dejara que su equipo la volviera a golpear al tomar partido por otro aspirante. Hasta ahora, ambas cosas se han respetado.
Por cuánto tiempo no se sabe. Es posible que Vázquez Mota entre en un nuevo periodo de turbulencia subterránea con sus correligionarios. Apenas hace unos días apareció una encuesta de GEA-ISSA donde aparece sorprendentemente con el 32% de las preferencias electorales presidenciales entre los panistas, contra 12% del senador Creel, que se ha desplomado, y 8% para el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero –a quien también conoce de aquél equipo parlamentario de Calderón-, querubín de Los Pinos pero que no crece.
La candidatura presidencial del PAN la decidirán alrededor de un millón de militantes y adherentes, y la fotografía de este instante le da a Vázquez Mota el respaldo de tres de cada 10 de ellos. Un gran resultado para ella, con lo que valida su terquedad al no dejarse presionar con la candidatura en el estado de México. Ella sabe que la lucha apenas comienza, y que el dato de hoy puede cambiar con rapidez. Pero por lo pronto lo disfruta y actúa. La encuesta fue despachada desde su oficina a líderes políticos y empresarios en todo el país con el mensaje implícito de que su aspiración tiene alas para volar.
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