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El vidriero

Enviado por en 29/09/2011 – 01:30 Un Comentario

Alejandro Sánchez

Este artículo es un adelanto del perfil de Eruviel Ávila que la revista Gatopardo publicará en su número de Octubre. Primicia para los lectores de elArsenal.net

Dos hombres entraron al restaurante argentino Puerto Madero de la avenida Mazarik, en el céntrico barrio de Polanco, una tarde de enero de 2011. Uno tenía tatuada en la cara una cicatriz como la de Tony Montana, el personaje principal de la película Scarface, y el otro estrenaba una figura de galán de cine, después de una dieta que le quitó 20 kilos de grasa. Ambos rondaban los cuarenta. Se saludaron, un mesero llevó los abrigos a un perchero y otro hizo señas para que retiraran las copas y los cubiertos de la mesa.

-Dos tazas para té -ordenó el capitán de meseros. Ese día los hombres no beberían tequila. Hay negocios que exigen tener la mente clara.

-Eres el mejor posicionado – dijo Cipriano Vázquez, el hombre de la cicatriz, con dos dedos en la oreja de la taza. Era secretario del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el Estado de México y había recibido la misión de buscar al mejor candidato para su partido, sin importar su origen y lealtad política.

-¿Lo crees? – contestó Eruviel Ávila, ex alcalde de Ecatepec, un extraño caso del político que se construyó desde abajo, miembro del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

-Conoces la historia de tu partido en el Estado de México. Acá se abrió la puerta, queremos que seas candidato externo del PRD.

-Me honra la consideración, pero en este momento no te puedo decir sí o no. Estoy bien posicionado y voy a pelear hasta el final en mi partido.

La historia a la que se refería Vázquez era que desde la década de los cuarentas los candidatos al gobierno del Estado de México salieron de entre un grupo de políticos del centro de la entidad e impidieron el paso al poder a priístas de las orillas.

El favorito lo sabían los dos, era Alfredo del Mazo, primo del gobernador Enrique Peña Nieto, alcalde de Huixquilucan, un tipo guapo, educado y ubicado en primer lugar en las encuestas para candidato a gobernador. Su padre y abuelo fueron gobernadores del Estado de México, miembros de una familia de abolengo que se codeaba con los presidentes de México.

Nadie daría un peso por Ávila, hijo de un matrimonio que ni siquiera terminó la primaria y vecino de una colonia pobre con buena aceptación popular que le permitió ganar de manera holgada cuatro elecciones en 15 años, dos como diputado local y las otras como alcalde de Ecatepec. Eruviel sabía que estaba lejos del grupo de poder, pero su carisma y cercanía con la gente le dieron aliento para abrigar la esperanza de modificar el curso de la historia política de la entidad.

En el Estado de México están el mayor parque industrial del país, los sindicatos con mayor representación, cuyos líderes son viejos amigos del PRI. Es el único estado que maneja un magisterio independiente que en elecciones hacen campaña a favor de los candidatos priístas. El partido tiene el control del poder Legislativo, tiene aliados en el Judicial, en organismos autónomos, y toda la maquinaria ha estado al servicio de ese partido y esta vez no dejarían solo a Alfredo del Mazo Maza en su campaña por la gubernatura.

El PRD en alianza con el Partido Acción Nacional (PAN) buscaba echar del poder al grupo del centro con un candidato que conectara con la gente.

En el restaurante argentino, Eruviel Ávila dio un sorbo al té sin azúcar. La dieta le había devuelto un cuerpo impecable de candidato y no quería ganar un gramo.

- Yo sé que así son los de sangre azul – dijo Ávila refiriéndose al grupo cercano a Alfredo del Mazo del que habían salido ocho gobernadores. Pero soy el mejor posicionado y voy a pelear en mi partido hasta el final.

La plática continuó otra media hora. El mesero volvió a llenar las tazas de té.

Antes de despedirse, Eruviel Ávila dijo:
-Te pido que el PRD me deje abierta la puerta hasta donde se pueda, y si se cierra dejen abierta la ventana.

Ninguno de los dos se percató de que en la otra esquina del restaurante un hombre cercano al gobernador Peña Nieto los observaba cubriéndose la cara con un periódico. Cuando Eruviel Ávila salió del restaurante el tipo se agazapó con un teléfono en la mano e hizo una llamada.

La propuesta del hombre de la cicatriz no era descabellada: en los últimos meses a su partido, el PRD, le había funcionado la estrategia de aliarse con el PAN en estados como Guerrero, Sinaloa, Oaxaca y Puebla, donde la fusión hizo el milagro de extirpar a los candidatos del PRI y poner un alto a los cacicazgos regionales. En el Estado de México esa fórmula no solo tenía como propósito hacer ganar al PRD, sino asestar a Peña Nieto, el priísta más guapo y popular de los últimos tiempos, un golpe crucial en sus aspiraciones presidenciales.

En el Estado de México viven 15 de los 80 millones de votantes registrados oficialmente, y era evidente que los resultados del Estado de México marcarían la elección del candidato presidencial en el PRI.

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