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Peña ganó la encuesta de AMLO

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Rubén Cortés

Ya se sabe por qué AMLO y Ebrard fueron crípticos y poco locuaces al presentar los resultados de las encuestas que mandaron a hacer uno y otro para definir entre ellos al candidato de las izquierdas en 2012 y que el cronista Héctor Gutiérrez describió de manera magistral en La Razón:

“Nadie le levantó la mano a nadie. Si acaso, un tímido abrazo entre ambos contendientes, leves sonrisas y pulgares alzados, cuando las cámaras les apuntaron, sabedores del efecto mediático que tenían que causar”.

No dieron detalles porque AMLO perdió contra el priísta Enrique Peña en las dos preguntas que lo compararon con Ebard y los precandidatos de los otros partidos: en una sale derrotado por 22 puntos de ventaja y en la otra por 21.

Lo informó ayer la propia casa encuestadora, al explicar que cuando indagó las preferencias en dos escenarios posibles, para diferenciar a AMLO de Ebrard frente a los precandidatos del PRI y del PAN, ambos resultados dieron como ganador a Peña.

La pregunta dos (“Si los candidatos a la Presidencia en el 2012 fueran los siguientes ¿usted por quién votaría?), incluyó dos tarjetas: AMLO contra los priístas Enrique Peña y Manlio Fabio Beltrones, y los panistas Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel; y Ebrard contra los mismos.

En la tarjeta de AMLO se impuso Peña (49 por ciento), seguido por el tabasqueño (27) y Vázquez Mota (11). En la de Ebrard también el más favorecido fue Peña (53), el Jefe de Gobierno (18) y Vázquez Mota (12).

Peña también ganó la pregunta cuatro: “¿A quién prefiere como presidente?”, con 46 por ciento de preferencias, por delante de AMLO (25), Vázquez Mota (11), Ebrard (siete), Creel (dos) y el priísta Manlio Fabio Beltrones (uno).

Como sea, a nadie sorprenden estos resultados, pues Peña es hasta ahora el mejor precandidato entre todos, no solo por su carisma personal y excelentes resultados como gobernador del Estado de México (2005-2011).

Peña es el predilecto también porque se ha declarado a favor de que 2012 dé la oportunidad de contender de manera civilizada para que los ciudadanos puedan ver una claridad y transparencia en la oferta, una definición puntual en los compromisos de cada candidato.

Son atributos sobre los que el aspirante priísta ha sabido proyectarse nacionalmente y se encamina hacia la candidatura del PRI.

AMLO no tendría por qué sentirse acomplejado ante este desenlace. Debería admitirlo, tal cual lo hace con sus errores del pasado polarizador, controversial e insolente para mostrar un talante incluyente, con su intención de hacer una “República amorosa”.

Sin embargo, oculta los resultados de la encuesta que le dio otra vez la candidatura presidencial, lo cual es una forma de mentir.

Entonces será difícil creerle. De verdad.