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Peña: lo que el viento a Juárez

Enviado por en 11/01/2012 – 00:13

Rubén Cortés

Así que la supuesta indefensión discursiva del candidato del PRI es escandalosa en un entorno muy reducido, pues a las mayorías importó poco que Enrique Peña no lea novelas: sigue arriba dos a uno en las encuestas.

En el promedio de todas, publicado ayer por Mitofsky, incluida la suya, más las de Excélsior, El Universal, ISA, Reforma y OEM, Peña tiene 52.4 por ciento de las preferencias para presidente, seguido por la panista Josefina Vázquez Mota (26.3) y el izquierdista AMLO (21.3).

Al final, los ciudadanos consideran que Peña sería buen gobernante porque lo hizo bien en el Estado de México, de similar manera que en el DF piensan que si Miguel Mancera trabajó bien como Procurador, puede hacerlo igual como Jefe de Gobierno: se llama sentido común.

Porque si un gobernante lee novelas, qué bueno, pero lo que sí tiene que saber es gobernar. Un ejemplo lo representó el propio Peña durante su mandato en el Edomex (2005-11).

Asentó su logro en dos soportes: eficacia administrativa, que le permitió incrementar los ingresos y controlar el gasto corriente; y efectividad de los planes sociales, que le llevó a beneficiar a cuatro millones de personas con 11 programas.

¿Lo consiguió solo? No. Los artífices fueron su secretario de Finanzas, Luis Videgaray, y su secretario de Desarrollo Social, Ernesto Nemer: su gracia estuvo en escogerlos para que ejecutaran sus ideas.

Al celebrar el 187 aniversario del Edomex, Peña explicó que al tomar el poder encontró al estado insolvente porque la descentralización educativa de 1992 obligó a las entidades a pagar el salario de los maestros, el cual hasta entonces asumía la Federación.

El Edomex agrupa al mayor número de maestros en el país, con 135 mil. Ese desembolso —uno de los mayores del gasto corriente—, al no ser compensado fiscalmente, generó un desequilibrio total de las finanzas públicas.

De no corregir, quebraba o se endeudaba más y no tendría recursos para obra pública y social. Encargó la tarea a Videgaray, quien realizó ajustes fiscales, renegoció la deuda y saneó las finanzas, con lo cual Peña pudo invertir en infraestructura y multiplicar el gasto social.

Además, la disminución de la deuda en mil millones le permitió aumentar inversión, de lo cual se encargó Nemer, cuyo esfuerzo facilitó el cumplimiento de los 608 compromisos que su jefe asumió en campaña en los 125 municipios del estado.

Algo relevante, si se tiene en cuenta que cuando Nemer acometió la tarea, había apenas un programa social, que beneficiaba a 35 mil personas, pero su trabajo sumó 11 programas y favoreció a cuatro millones de mexiquenses.

De modo que importa más saber gobernar que leer La silla del águila: eso indican todas las encuestas.

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