El honor de ser mexicanos
Existe un consenso más o menos general en torno a que la raíz de los problemas que estamos viviendo en México son debidos a la corrupción, causada por la impunidad, ambas toleradas por la ignorancia. Los antídotos son transparencia, rendición de cuentas y educación.
López Obrador ha invitado a varias personas a ocupar una secretaría en caso de que llegue a la Presidencia. Varios han aceptado ya: para coordinar la educación, el ex–Rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente Ramírez; para conducir la Procuraduría, a Bernardo Bátiz Vázquez; y para fomentar la honestidad y combatir la corrupción, a Bertha Elena Luján Uranga.
El lunes pasado, en un salón del edificio World Trade Center de la Ciudad de México, la chihuahuense Bertha Luján presentó sus “Ocho propuestas para enfrentar la corrupción y construir un gobierno honesto y eficiente”, en caso de que Andrés Manuel López Obrador llegue a la Presidencia y sea ella quien encabece la Secretaría de la Honestidad y Combate a la Corrupción (SHCC). El nombre suena extraño por nuevo, pero sobre todo porque compromete a mucho: hacer transparente la función pública, pues la opacidad sólo sirve para ocultar los ilícitos y así se propicia la corrupción.
Alejandro Poiré decía ayer que Calderón ha enfrentado con singular determinación los problemas de México; estoy de acuerdo en lo de la determinación, pero sólo la he visto vaciada en su “guerra” contra el crimen organizado y no contra la pobreza o la corrupción. El caso Florence Cassez hizo que Calderón declarara que las víctimas merecen justicia; se refiere sólo en el caso de moda y omite a las casi 60,000 víctimas de este su México Rojo. Pero además de la lógica incredulidad popular actual hacia la figura presidencial y hacia sus instituciones, hay otra corriente contra la que tendría que nadar la SHCC.
A quienes conviene que México esté como está es a quienes sacan mayor provecho de la corrupción, que compra su impunidad: esos pocos que ya no encuentran en qué gastar, mientras millones no encuentran ni qué comer. Ellos, una vez que entre en funciones la mencionada Secretaría, emplearían su inmensa fuerza para que el proyecto fracase y nada cambie. Campañas de prestigio para ellos y desprestigio para la SHCC, rumores, noticias trágicas, aumento de la violencia, impulso al miedo generalizado, y el ciudadano a nivel banqueta terminará por creerles. Aunque…
La segunda Propuesta de Bertha Luján habla de “Elevar a rango constitucional el manejo honesto de los recursos públicos, tanto por parte de los servidores públicos como de los particulares, y tipificar como delito grave la corrupción pública para una mayor eficacia en su persecución.” La quinta habla de tecnología informática que servirá para que “investigadores, periodistas, organizaciones de la sociedad civil y en general cualquier ciudadano” puedan tener acceso a las bases de datos, además de las herramientas de análisis que les permitan evaluar cómo se gastan los dineros públicos o si se cumplen las metas de los programas.
Estoy convencido de que, en el fondo, la gran mayoría quisiéramos que las transas se acabaran, pero en todos lados y no sólo en el terreno propio. Las propuestas para la SHCC al principio pudieran ser vistas por el ciudadano con incredulidad, pero como “el movimiento se demuestra andando”, la evidencia poco a poco convencerá a la sociedad y el proyecto será bienvenido, porque demostrará que es verdadero; entonces el proyecto será un líder al cual seguir. En este punto, la solución se volverá sistémica, integral. “Sólo el pueblo puede salvar al pueblo”.
Hace pocos meses pregunté a un joven brasileño sobre qué fue, en su opinión, lo mejor que hizo Lula da Silva como presidente. Sin dudar, me contestó: “Devolvernos el honor de ser brasileños.” Creo que el proyecto de Bertha Luján es clave para que los mexicanos volvamos a sentir el honor de serlo.
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