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Sábado 23 de Junio de 2018

El Padrino y el verdadero rayo

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María Elena Ramos
Para Ah Muán

Descansaba a la sombra de un naranjo cuando sufrió el ataque de lo que los sicilianos llaman “el rayo”. Su corazón empezó a latir “más deprisa de lo normal, se sentía un poco aturdido y notaba que la sangre bullía en su cuerpo. Percibía intensamente los mil perfumes de la isla; el aire olía a naranja, a limón y a flores. El cuerpo no le pesaba. Se sentía en otro mundo(…) Estaba tan anonadado que se hubiera dicho que acababa de atropellarlo un coche”.

Mario Puzo en El Padrino, el libro, describe así el intenso y prodigioso cóctel de sensaciones del que fue presa Michael Corleone, cuando vio por primera vez a Apolonia.

Apolonia, “tan increíblemente atractiva”, hizo que Fabrizzio, que acompañaba a Corleone, exclamara, en broma: “¡Acoge mi alma, Jesucristo, que me estoy muriendo!”

La reacción de Fabrizzio a la belleza de Apolonia es la de cualquier mortal en el momento en que se le presenta algo o alguien que le guste; en cambio, la visión de la joven fue fulminante para Corleone , quien experimentó “el verdadero rayo”.

Fue un largo trago de vino el que le hizo aclarar sus ideas: “Lo que sentía en ese momento era un irresistible deseo de posesión (…) No conseguiría quitarse de la cabeza el recuerdo de la muchacha si no conseguía que fuera suya. De repente, su vida se había simplificado. Ahora todo convergía en un solo punto, haciendo lo demás indigno de atención”.

El “rayo” es la palabra que usaban los sicilianos para nombrar lo que conocemos como “flechazo” o “amor a primera vista”. Los italianos le decían “el rayo siciliano”. En la primera película de la trilogía de El Padrino, queda claro que Michael Corleone se enamoró a primera vista de Apolonia.
Pero es el libro el que da cuenta sobre las sensaciones de los alcanzados por “el rayo”.
“Flechazo” o “amor a primera vista”, no alcanzan a definir, a nuestro parecer, el golpe inédito, eléctrico, violento, feliz y animal, que sufren todos nuestros sentidos cuando pega el rayo; un golpe que te deja anonadado. Flechazo o amor a primera vista suenan ñoños, naif, ante el portento del rayo. (Más, si uno se imagina al tierno Cupido lanzando flechitas por ahí).

El rayo es una instantánea revolución de los sentidos en la que no existe la ternura, la dulzura. Es como un exuberante paraíso en el que nunca creímos, pero que se aparece de repente.

Hace cuarenta años que se estrenó la película El Padrino y cuarenta y tres de que la novela salió a la luz. Los encantados por la película leen después el libro, generalmente es así y no al revés. Y es el libro el que nos hizo darnos cuenta a algunos de que no nos habíamos perdido (psiquiátricamente hablando), que efectivamente existía el prodigio que los sicilianos llamaron “el rayo”. Eso fue en tiempos donde no había Internet y los científicos no hablaban del cúmulo de adrenalina, noradrenalina, serotonina, dopamina, testosterona, oxitocina, vasopresina, feromonas y demás hormonas y sustancias que libera o activa nuestro cuerpo al encontrarnos, por primera vez, con “el paraíso” .

Los científicos dicen también que en la cascada de reacciones emocionales, no sólo hay química, sino también electricidad (descargas neuronales). Tal vez por eso los sicilianos lo bien llamaron “el rayo”.

Leo en un blog que El Padrino es más que una de las mejores películas de todos los tiempos (en tres partes) y un maravilloso libro, dice que es “un compendio de sabiduría”. Debe ser.

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4 comentarios

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  2. Mario A Torres el

    Que bien escrito. Me evocó una de las escenas con que mas me identifique en la película y que mas disfrute en el libro.

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