Asedio a Vázquez Mota
Apenas era un rozón, un obús sin gran carga explosiva. Pero nuevamente, Josefina Vázquez Mota afrontó de manera equivocada el problema de comunicación generado por la revelación de que su hermana Margarita Silvia se desempeña como mando medio en la Procuraduría General de la República.
Esa historia, cuyo primer capítulo apenas se escribió, está lejos de concluir… por culpa de las malas decisiones de los asesores de la candidata presidencial panista. La supuesta renuncia de la funcionaria calderonista –aún ayer figuraba en el organigrama de la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas– servirá de muy poco. Y si no se apuran, la meterá en más líos.
Los puyazos iniciales –la PGR habría infringido la normatividad vigente para otorgarle su nombramiento como coordinación de formación y políticas públicas de la FEVIMTRA– podrían haber iniciado una sangría difícil de detener.
Con la presentación de su renuncia no puede darse por concluida la polémica. Antes, la hermana menor de Vázquez Mota tendría que responder a un cúmulo de interrogantes y cuestionamientos. Y no sólo ante los medios informativos, sino también ante las autoridades correspondientes.
De entrada, los más obvios. Si –como argumenta– completó los ocho semestres de una licenciatura en la Escuela de Diseño del INBA, ¿por qué no ha podido titularse, después de casi tres décadas? Un misterio, casi tan grande como su inverosímil historia laboral, que –de ser ciertos los datos que constan en los registros públicos– comenzó en 1995, a la friolera de los 33 años, como gerente administrativo de Pinturas y Derivados del Caribe, una de las empresas del emporio familiar.
Desde entonces y durante una década, cambiaría su residencia a Cancún, Quintana Roo. En aquella entidad y otras del sureste mexicano, abrió dos bodegas y 22 expendios de pinturas. En el año 2000 se anotó su mayor éxito: la apertura de Practicaribe, otra compañía de la familia, dedicada a la comercialización de plafones y otros materiales de construcción.
La estrella de la familia era Pina, quien se había postulado como candidata a diputada federal y para finales de ese año estaría despachando en la Secretaría de Desarrollo Social del “gobierno del cambio”, que encabezaba Vicente Fox Quesada.
En teoría, la distancia geográfica evitaría cualquier conflicto de interés. Pero Margarita se involucró en algunas tareas de asistencia social, después del paso de los huracanes y en la primavera del 2004 terminó aceptando la invitación que le formulara Carmen Rubí Peniche Cárdenas, la esposa del alcalde electo de Cancún, el priísta Francisco Alor Quesada. En aquella época su salario era de 211,000 pesos anuales.
Al concluir el trienio, Vázquez Mota regresó al Distrito Federal. Y en atención a la recomendación que le hizo Antonio Sánchez Díaz de Rivera, se integró a la estructura de la Fundación Nemi, una ONG, que opera desde hace 15 años para promover y fomentar el mejoramiento de las condiciones de subsistencia y desarrollo de comunidades indígenas y grupos vulnerables.
Sin afanes de lucro, la Fundación Nemi obtuvo un cúmulo de donativos de grandes corporativos, como Bimbo y Nestlé, además de apoyos gubernamentales que se incrementaron con el ascenso de Pina dentro del gabinete federal.
En el 2008, cuando Margarita Silvia Vázquez Mota estaba a punto de brincar a su primera experiencia como funcionaria federal, la Fundación Nemi obtuvo un donativo por 10.5 millones de pesos, para la impartición de 5,000 talleres de concientización, enfocados principalmente a jóvenes. Ese presupuesto contemplaba incluso una pequeña partida para la filmación de varios cortometrajes.
A finales de ese año, la hermana de la candidata presidencial del PAN saltó a la PGR. En los archivos de la Oficialía Mayor es posible encontrar copia del contrato de prestación de servicios profesionales que autorizó la Dirección de Administración y Control de Personal. En ese periodo, recibió un pago de 143,670 pesos. De conformidad con ese contrato, debía cobrar 47,890 cada mes, por concepto de salarios. Y quedó adscrita a la oficina del Procurador.
Para el siguiente año –el ejercicio fiscal 2009– los emolumentos de Vázquez Mota ascendieron a 550,735 pesos. Ni el contrato ni el salario estipulado sufrieron modificaciones.
Su ingreso parecía justificado. En esa época, como coordinador de los centros de atención a víctimas fungía el abogado duranguense Bonifacio Herrera Rivera (tenía un contrato anual de prestación de servicios por más de 1.3 millones de pesos) pero fue nominado por el PAN como candidato a diputado, por la vía plurinominal, en los comicios federales del 2009. Actualmente se desempeña como vicepresidente de la Mesa Directiva en San Lázaro. Ese programa adscrito a la subprocuraduría que detentaba entonces otro distinguido abogado duranguense, Juan de Dios Castro Lozano.
Dentro de la PGR, se libraba una batalla interna en aquellos tiempos. Eduardo Medina-Mora, el primer procurador del sexenio, ya había salido hacia Londres, para hacerse cargo de la Embajada de México ante el Reino Unido. En su lugar había quedado el abogado chihuahuehse Arturo Chávez Chávez, quien ordenó una “limpia” en la institución. Muchos de los colaboradores cercanos del diplomático –entre ellos Claudia Ruiz-Massieu, sobrina del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, quien se encargaba del programa de atención a víctimas y trata de personas– tuvieron que buscar otro trabajo.
Lo más extraño, en el caso de la hermana de Vázquez Mota, es que cuando la dieron de alta en la PGR, como “asistente” dentro de las “áreas técnicas” en la PGR, el 31 de mayo de 2009, tanto su dirección como teléfono y su correo electrónico eran los mismos que los de la Fundación Nemi.
En aquella época, Margarita Silvia tenía una camioneta Chverolet Venture que le regalaron. Además, un Chevy Corsa, que adquirió en el 2003, tras de pagar 40,000 pesos de contado. Y 95,000 adeudo a las tarjetas de crédito.
Queda abierto el capítulo de las relaciones –buenas y malas– de la candidata presidencial con otros políticos y empresarios. También, los de sus padres y sus demás hermanos.
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Correo electrónico: aam@mexico.com
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