La orfandad de Isabel Miranda
El PAN sumió en una lastimosa orfandad la candidatura de Isabel Mirada de Wallace al GDF, lo cual es deplorable porque se trata de una mujer candidata en la ciudad con más políticas públicas para reconocer, promover, proteger y garantizar los derechos de las mujeres en el país.
Desde el 24 de abril del 2007, en el DF es legal y libre la interrupción del embarazo hasta las 12 semanas de gestación y desde 2010 una reforma de la Asamblea Legislativa establece la creación de Refugios Especializados para atender a mujeres de cualquier edad que sufran violencia.
Además, cuenta con el programa más grande de América Latina de mastografías y tiene un programa especial para cuidar a las mujeres en el transporte público, así como con un seguro para apoyar a las que necesitan el apoyo y vivienda y puedan salir adelante por sí mismas.
Sólo en ese contexto era entendible que el PAN acudiera a una mujer, que ni siquiera es su militante, para intentar ganar la Jefatura de Gobierno, pasando por encima de precandidatos propios con mucho mejor cartel, como la figura joven más prometedora del partido: Carlos Orvañanos.
Pero en 19 días de campaña, el PAN no le ha organizado todavía un acto masivo a Wallace. Mucho menos sus figuras notables en la capital, Mariana Gómez del Campo, Gabriela Cuevas o Federico Döring la han acompañado en recorridos.
El desvalimiento que sufre Wallace fue avizorado, con cierta dosis de sarcasmo, por el presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, cuando “saludó” su candidatura: “Le doy la bienvenida a la arena de los políticos profesionales”.
Sin embargo, el PAN está haciendo un gran favor con este abandono a Wallace porque le sirve en bandeja la posibilidad de renunciar y recuperar así la autoridad moral que tenía como luchadora ciudadana contra la inseguridad y que perdió un tanto al entrar a la política.
La renuncia le permitiría reivindicar su imagen pública como una de las más valerosas defensoras de los derechos de las víctimas de la inseguridad, a partir de las investigaciones que siguió por su cuenta para dar con los secuestradores y asesinos de su hijo, Hugo Alberto.
Porque, por mucho que insista en su carácter de “candidata ciudadana”, en realidad Wallace está representando a un partido político, recibiendo sus recursos financieros para hacer política y usando su soporte legal para obtener un cargo.
Sólo por eso Wallace debería renunciar a una candidatura que flota en un marasmo de insolvencia alarmante, con 15.5 por ciento en la encuesta de ayer de GEA/ISA, detrás del candidato de la izquierda, Miguel Mancera (58.4) y la priísta Beatriz Paredes (22.7).
Y se haría un gran favor volviendo a ser “la señora Wallace”.
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