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La aldea global

Enviado por en 26/05/2012 – 00:07

Alfonso López Collada

Antes de que existiera el internet, y con base sólo en la televisión, el canadiense Marshall McLuhan predijo que las sociedades del mundo se convertirían en una sola comunidad: la aldea global. Y que así como en las aldeas primitivas los ancianos y los jóvenes se reúnen en torno a una fogata para decir unos y escuchar otros las historias que dan cohesión al grupo social, así sucedería con el mundo entero. Es lo que vio este profético intelectual de la comunicación en los albores de la TV.

El 14 de mayo pasado, en el programa de análisis Primer Plano (Canal Once) en el que participa todos los lunes por la noche, Leonardo Curzio afirmó que definitivamente el internet no influiría en las elecciones. Se analizaba el evento que sufrió Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana. El agudo analista no alcanzó a ver lo que muchos teníamos la certeza de que estaba sucediendo-movidos por la ingenuidad o por el anhelo-, eso que apenas tres días antes había comenzado a estructurarse: que como en Inglaterra, Egipto, Estados Unidos, España y más países, esta potente vía de comunicación cobró el precio de ser un medio abierto a todos,.. y, en una dialéctica por demás interesante, que debe su enorme expansión precisamente al impulso de negocio que los indignados del primer mundo no se han cansado de condenar.

Jenaro Villamil tuvo otra perspectiva del mismo suceso, en el programa Aristegui (CNN en Español), el miércoles pasado. Explicó que Televisa sigue con la idea de que todavía estamos en la era de la TV, en la que todo lo que uno necesitaba para fundamentar su dicho era agregar: “¡Salió en la tele!”. Hace mucho sabemos que eso no es suficiente, pero hoy lo sabemos a nivel social: la opinión pública ya no nace de la tele, sino del internet. Y está en manos de más de 131 jóvenes.

Cierto que en México no todos los universitarios de planteles públicos cuentan con internet en su hogar, pero lo mismo podríamos decir de otros países con clases media y baja igual de amoladas que la mexicana. Y sin embargo, la red funciona como repartidora de opiniones. Una explicación es que ya no hace falta computadora y módem para acceder al internet, pues en cualquier teléfono móvil es posible conectarse sin pagar tanto, ya ve usted cuánta gente tiene uno de esos instrumentos en México. ¡Y a qué grado de sofisticación!

Recordemos a Elisabeth Noelle-Neuman: Opinión pública es la que puedo expresar en público sin temor a que me linchen. En ese tanto, José Agustín Ortiz Pinchetti hizo una muy pertinente pregunta a sus lectores: ¿Conoce usted a alguien que defienda en público a Peña Nieto? Yo no.”

Las redes sociales son libres, y por ello tienen un poder propio en vez de la fuerza limitada que conceden las leyes, que no son sino “licencias” que otorga quien domina o, visto en contrasentido, los límites que impone a sus dominados. Los jóvenes que han levantado su cibervoz en estos últimos quince días, y en los que sigan, no tienen tal censura. Escriben lo que piensan, y eso es libertad de expresión. Lo importante es que piensan, se rebelan no contra un personaje político, sino contra los medios que no piensan ni dejan pensar. Ese es el fondo del asunto, y eso parece imparable.

La duda es si el cambio de actitud de la televisión dominante, que trató bien a López Obrador y con rigor a Peña Nieto, y que ya cubre los eventos “políticamente incorrectos” que antes ocultaba sistemáticamente, se debe: a) a que no quiere perder audiencia; b) a que sus directores ya saben quién ganará en las próximas elecciones, o c) a que finalmente entendieron que la aldea global es un hecho aquí y ahora. ¿O todo junto?

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