La izquierda en la encrucijada
Otra vez el dilema de la izquierda. Palomas versus halcones. Jaloneos entre radicales y moderados. El intenso y recurrente debate interno sobre el camino a seguir para “limpiar” la elección presidencial. El fantasma de la polarización al acecho. “Hay quienes quieren recorrer nuevamente el camino del 2006”, admite, con franqueza, el senador Carlos Navarrete.
Las palabras del legislador trajeron a la memoria imágenes de marchas, plantones, bloqueos, adelitas, movilizaciones. Un replay de hace seis años. El mismo protagonista a la cabeza de la protesta: Andrés Manuel López Obrador. Cambia el rol del villano: Sale Calderón. Entra Peña Nieto.
Navarrete precisa que hay otra parte de la izquierda, moderada e institucional, que exige no apartarse del marco legal. El coordinador de los senadores del PRD pertenece a este bloque. Está en la línea del “voto por voto” que promueve López Obrador, pero declara, sin vericuetos, que si el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ratifica el triunfo de Peña Nieto, una vez resueltos los recursos de impugnación, “hay que reconocerlo”.
En el bloque de los moderados se ubica la mayoría de los triunfadores en la elección del pasado primero de julio. Tienen mucho que perder. Una polarización les resultaría inconveniente. Los de Morena dicen que a este grupo pertenecen Miguel Mancera, jefe de gobierno electo del DF; y los gobernadores electos de Morelos, Graco Ramírez; y de Tabasco Arturo Núñez. El actual alcalde capitalino, Marcelo Ebrard, el ex regente Manuel Camacho, el diputado Guadalupe Acosta el propio Carlos Navarrete
“Entre todos tenemos que cuidar el proceso”, puntualiza el senador.
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Los radicales de la izquierda repiten que por ningún motivo van a reconocer el triunfo de Peña Nieto. Son los que ya no tienen mucho que perder. En este bloque estarían López Obrador, su coordinador de campaña, Ricardo Monreal, el petista Alberto Anaya, Dante Delgado.
Entre los duros corre la versión de que peñistas y calderonistas se han reunido ya, en un par de ocasiones, para tratar el tema de las llamadas reformas estructurales. La fiscal, la energética, la laboral. El objetivo sería aprobar, por lo menos una de ellas, en esta misma legislatura. Es decir, evitarle los costos políticos a Peña Nieto.
Monreal ya dio color. Se inconformó con el anuncio del IFE de que el “voto por voto” se realizará en 78 mil 14 casillas (54 por ciento del total). Obrador y los suyos quieren revisión de las 143 mil casillas que se instalaron el primero de julio. Alegan que se violaron los principios rectores del proceso: imparcialidad, equidad.
Según el zacatecano, el Instituto dejó pasar una oportunidad de serenar el país, al negarse al recuento de todas las casillas. Nada perdía con abrir los 143 mil paquetes electorales. Eso hubiera generado una condición de tranquilidad en todos los sectores, estimó.
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Al interior del PAN nos dicen que Gustavo Madero gana tiempo para ver como fluyen las grillas de aquí a que se reúna el CEN, el próximo lunes y, en un segundo momento, el Consejo Nacional, el 11 de agosto próximo. La “mayúscula derrota” que el azul sufriera en las elecciones –así la calificó el jefe nacional– despertó apetitos. Le quieren dar golpe de estado, sacarlo de la residencia. Pero él se aferra diciendo que se provocaría un vacío de poder.
Garganta azul pronostica que Madero puede quedarse, al menos, hasta final del año.
Eso le permitiría nombrar a los coordinadores parlamentarios del PAN en ambas cámaras. Es una prerrogativa del jefe nacional. Allí, en el Congreso, radicará gran parte de la fuerza que le queda al PAN.
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En Nuevo León la cosa está que arde. El triunfo del panista Fernando Larrazábal, candidato a diputado por el noveno distrito federal, sobre el priísta Aldo Fasci, está en el alambre. El ex alcalde de Monterrey trae menos de mil votos de diferencia.
Lo mismo sucede con la elección de los senadores en la entidad. La fórmula del PRI, Marcela Guerra e Ivonne Álvarez, le gana por 0.86 por ciento a sus adversarios del azul: Raúl Gracia y Alejandra Sada.
En ambos casos habrá recuento. La ley así lo prevé.
Allí mismo, en Nuevo León, se produjo una paradoja, dadas las circunstancias. El candidato a diputado federal panista, Homero Niño de Rivera, ex vocero del CEN, fue electo con más del 50 por ciento de los sufragios en el distrito que abarca Santa Catarina y San Pedro. Bien ganada la llamada de felicitación que le hizo el presidente Calderón.
Fin.
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