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Primeros apuntes sobre la elección

Enviado por en 06/07/2012 – 00:04

Fernando Belaunzarán

1- 50 millones de mexicanos votaron, la inmensa mayoría de ellos de manera libre. Dicho entusiasmo cívico fue lo mejor de la jornada.

2- La ciudadanía expresó su deseo de cambio y eso explica, en gran medida, el castigo electoral al partido en el gobierno (PAN) que sólo pudo mantener la gubernatura de Guanajuato y eso perdiendo el municipio económicamente más importante del estado: León. En Jalisco, Morelos y a nivel federal pasaron a ser la tercera fuerza, aunque mantendrán bancadas considerables en ambas Cámaras.

3- La izquierda tuvo un avance electoral importante. No sólo arrasó en el DF, sino que ganó los gobiernos de Morelos y Tabasco y recuperó municipios muy importantes en la zona conurbada del Estado de México, haciendo ver que el llamado “efecto Peña Nieto” fue revertido en el propio estado del candidato priísta. La legítima inconformidad por los vicios, irregularidades y trampas electorales no deben hacer que se arriesgue -ni siquiera que se olvide- lo ganado.

4- Enrique Peña Nieto obtiene el mayor número de votos, pero lo hace en una elección inequitativa y recurriendo a trampas e incluso delitos electorales, como lo es la compra de voto. El derroche de recursos fue evidente y es claro que se podrá documentar el rebase en el tope de gasto de campaña. La información que ha venido saliendo en torno a una presunta triangulación de recursos desde Estados Unidos a través de Monex podrían llegar a demostrar la existencia de un financiamiento paralelo hacia el candidato priísta, de una cantidad tal que haría parecer el llamado Pemexgate como un asunto de niños.

5- La compra de voto por parte del PRI fue descarada y ha quedado más que demostrado que se usaron monederos electrónicos de la empresa Soriana por miles para sobornar electores. Alianza Cívica dio a conocer nueva modalidad priísta para llevar a cabo tan deleznable práctica: “niños halcones”, los cuales acompañaban a los ciudadanos a la mampara para dar fe de que se cumplía con la transacción. Si no se hace algo, la espiral de perversión democrática no encontrará límite en esta vorágine que se debe a un único objetivo, el de ganar a como dé lugar.

6- A diferencia del 2006, el cuestionamiento no es que haya ganado un contendiente distinto al que el conteo oficial le levantó la mano. No se pide que se reconozca el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, sino que se asuma que Enrique Peña Nieto se impuso en una elección sucia e inequitativa. Dejar pasar las tropelías y, como se le exige al candidato de las izquierdas, simplemente levantarle la mano al mexiquense sería tanto como aceptar que la trampa premia y asumir desde ahora que lo mismo se reproducirá en los próximos comicios. Si con los gobernadores el PRI operaba elecciones de Estado, ¡imagínatelo con el gobierno federal! Es fundamental impedir que la televisión siga fabricando presidentes, que las encuestas desinformen y sean meros instrumentos de propaganda, que se gasten recursos a raudales y que se siga comprando el voto masivamente. La impugnación es una forma de exhibir esos problemas, de colocarlos en la agenda y de no resignarse a la impunidad.

7- Andrés Manuel López Obrador hizo una buena campaña en la que logró casi doblar la intención del voto que tenía al principio de la contienda y disminuir notablemente sus negativos. Lo hizo en gran medida porque mostró moderación, convicción democrática y sensibilidad para promover una necesaria reconciliación nacional. Tiene todo el derecho a inconformarse y los partidos que lo postularon deben arroparlo en la lucha jurídica y en la denuncia de las tropelías cometidas por el partido del candidato oficial de facto. Estoy convencido de que, como todos, aprendió de lo ocurrido en 2006 y no dilapidará su hoy recuperado capital político en una aventura rupturista. Creo en su palabra estampada en el acuerdo de civilidad. Ojalá el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tenga la altura para no permitir que gobierne el país quien no tuvo escrúpulo alguno para hacer cual trampa pudo en su afán de imponerse en una contienda desnivelada de origen. Pero, en cualquier caso, se debe aceptar que esa es la última instancia, que sus resoluciones son inapelables (que no incuestionables) y que su decisión determinará al próximo presidente, guste o no. Eso sí, se debe trabajar desde todas las trincheras, incluyendo la oposición, para transformar al país. En ello debe jugar un papel preponderante el movimiento #YoSoy132.

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