Monomanía
Hay truco. Ustedes disculpen, pero “Quien hace una hace un ciento” y a México se le han hecho más de cien, así que… Si el recuento de más de la mitad de las casillas coincide con los resultados reportados a principios de semana, es un excelente logro para nuestro proceso de elección; no necesariamente para nuestra democracia.
El día de las votaciones es el último de todo el proceso. La acción que tiene lugar en esa fecha es sólo la de depositar una boleta en una urna, pero antes hay muchas más. Por eso una irregularidad puede darse durante el proceso, no únicamente en la última etapa; eso lo sabe quien haya estado en una fábrica, quien haya seguido una receta de cocina o sembrado algo: los eventos se suceden en un orden determinado, y si falla uno los que siguen no pueden darse bien.
Así como ya enderezamos (al menos esta vez) el proceso de votación, así hace tiempo se dieron reformas para evitar que las elecciones se vieran afectadas por muchos eventos posibles; para que no se gastaran cantidades brutales de dinero en propaganda, pues eso es un instrumento de manipulación de la opinión pública; para que la publicidad no fuera de golpes bajos sin fundamentos, porque eso afecta la imagen de un candidato; para que no se usara el dinero público en dádivas a los electores, pues eso compromete su voto. Magnífico, eso de las reformas.
Pero cuando llega el momento de aplicarlas, quien violó uno o varios mandatos pretende que el conteo de votos borre todo lo anterior. Es evidente lo absurdo de este intento, así que provoca que se levanten muchas voces civiles y las del Movimiento Ciudadano (no las del PAN, sospechosamente).
La justicia es, ante todo, lógica. Las leyes son lógicas y la herramienta de los juzgadores es la lógica, no el absurdo ni las contradicciones. Pero los argumentos propuestos para convencernos de que ya ni modo, que nos aguantemos, son para llorar: a) Si ya te hice trampa una vez y te gané el pleito cuando reclamaste, no me discutas cuando te la vuelva a hacer; b) Te vale cómo le hice antes de la votación; si me sale el recuento, te aguantas.
El punto es serio: ¿Este es el México que estamos construyendo? La viejecita octagenaria que borda sentada en la banqueta para vender su trabajo; el anciano que con trabajos dobla el cartón para venderlo; la mamá que ya va tarde; el indígena que no tiene un costal de maíz para este año porque no ha llovido; la niña que muere de fiebre porque no hay aspirinas; la prole, pero también los poderosos, todos somos México. Nos afecta a todos que no se castigue a los infractores de la ley… porque leyes, ya se dijo, en México hay.
No parece posible que estando como están los abusos, las redes sociales y del descontento, los discursos calmen los ánimos. Por ejemplo: Eduardo Sánchez, vocero del CEN del PRI, dijo que lo de las tarjetas de Soriana es falso, porque esa empresa ya publicó un comunicado diciendo que es falso. ¿En serio creen que alguien aceptará como prueba una inserción pagada por un inculpado? ¿De veras esperan que nos traguemos la posibilidad de que los contrincantes del PRI hayan armado “un teatro” para echarle la culpa al PRI? Los patos le tiran a las escopetas y luego las escopetas demandan a los patos, eso es monomanía marca Calderón: creer que una declaración y una demanda contra la víctima cambian la realidad de las cosas.
A ver: ¿Qué sucederá si ya se les pasó la mano con los mexicanos? …¿o es lo que se quiere, que exploten? Si el poder enferma así, hay que acotarlo o nos quedamos sin patria.
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