¿Algo pasó?
Tal parece que es el sentimiento de todos los mexicanos después del proceso electoral, en el que existen posiciones encontradas, divididas, con reproches, a la defensiva y poco para festinar.
Aun que nuestra democracia electoral en términos generales funciona, no faltaron los prietitos en el arroz y los excesos. La tendencia hacia la trampa (que algunos la señalan como componente genético de los mexicanos), no se ha podido erradicar y por más reglas que se pongan siempre habrá un vivillo que encuentre como brincarlas.
La pregunta ahora es ¿a dónde estamos y qué va a pasar?, no se pueden dejar las cosas simplemente al destino y cuando menos observo tres apartados que se encuentran íntimamente ligados y estar atentos a ellos.
En primer término la parte política, pues ésta se ve sometida a fuertes presiones y no se vislumbra (cuando menos en el corto plazo), condiciones de acuerdos. Unos aspiran al reconocimiento para obtener legitimidad, otros pretenden la anulación electoral y los menos señalan iniquidades en la contienda, cada quien con su postura y en un ambiente que se torna crispado. Además los tres principales partidos han acreditado tener respaldo y fuerza.
Una cuestión que no debe pasar desapercibida, consiste en la conformación de las Cámaras, contrapeso del Poder Ejecutivo, donde ninguna fuerza tendrá una mayoría absoluta y esa parte determina prácticamente un gobierno dividido o fragmentado, según se quiera ver. Esta circunstancia nos coloca nuevamente en un panorama complejo, ya que es necesario el construir mayorías para avanzar y las condiciones no están en un momento propicio para la colaboración.
Aunada a la percepción ciudadana donde un buen número de personas tiene la sensación de que existieron anomalías en las elecciones e inclusive se comienzan a abrir frentes y movilizaciones de protesta, no se puede optar ni decir que no pasa nada, como tampoco se debe sobredimensionar la situación. Es evidente la necesidad de explorar alternativas de cauce y solución.
Por último y de no menor importancia se localiza el ámbito jurisdiccional, hasta ahora todos se han sometido a las reglas institucionales, buscando la solución de las diferencias antes los órganos del estado. Es obvio que los árbitros estarán sometidos a las presiones que su papel como juzgadores implica en estos asuntos, sin embargo están obligados a sujetarse a la verdad legal, que valga señalar, no siempre corresponde a la verdad real, aunque lo justo es que ambas verdades se encuentren juntas.
El hecho cierto es que la calidad de la democracia electoral mexicana se vuelve a poner en entredicho. Esa parte nos afecta a todos, a los ciudadanos por ser los principales vigilantes de esos procesos, a la política y a los políticos, por tener reglas del juego inacabadas e insuficientes y por último a las instituciones que se ven frágiles y sometidas a enormes presiones.
Si algo pasa, algo hay por hacer.
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