Purga en el PAN
Alberto Aguirre M.
Graves derrotas sufrió el PAN en las elecciones del pasado 1 de julio. Además de la Presidencia de la República y las gubernaturas de Morelos y Jalisco, sus candidatos perdieron en Guadalajara, León, Toluca,
El PAN ha dejado de ser un partido de ciudades medias, de municipios y delegaciones con alta densidad poblacional. En la Ciudad de México, no pudo mantener su hegemonía en Cuajimalpa y Miguel Hidalgo, dos de las tres demarcaciones que gobernaba en la Ciudad de México.
El PAN ha perdido en sus bastiones históricos. Y su dirigencia busca a los culpables… dentro de sus propias filas. Miguel Errasti, candidato perdedor de la elección en la delegación Miguel Hidalgo, tramitó una impugnación contra Ricardo Pascoe Pierce, con quien disputó la nominación, en la contienda intrapartidista.
Vecino de Mixcoac, arquitecto respetable y ex militante trotskista, Pascoe Pierce solicitó su inscripción al PAN a principios del 2010. Y mientras tuvo el estatus de “adherente”, cumplió al pie de la letra con los requisitos impuestos por la dirigencia panista para adquirir plenos derechos como militante. Claro, tenía el propósito de convertirse en candidato a Jefe Delegacional en uno de los bastiones más importantes para el partido blanquiazul, donde había refrendado su hegemonía desde el año 2003.
No era un secreto que el ex perredista buscaba la nominación con el franco respaldo del actual jefe delegacional, Demetrio Sodi de la Tijera. Ambos se conocieron a mediados de la década de los noventas, en distintas iniciativas ciudadanas para democratizar al Distrito Federal y coincidieron en 1994, en la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas. En 1997, acompañaron al político michoacano en el primer gobierno de la Ciudad de México electo por el voto popular.
En el 2000, Pascoe Pierce estuvo dentro del grupo de perredistas que tuvo cercanía con Vicente Fox, a quien sus asesores recomendaban con insistencia integrar un “gobierno de coalición”. Fue a través del entonces canciller, Jorge G. Castañeda, que logró convertirse en embajador de México ante el gobierno cubano. Allá estuvo casi cuatro años, hasta que el triste incidente de la Cumbre Iberoamericana celebrada en Monterrey (el “comes y te vas”) enfrió las relaciones entre La Habana y Tlatelolco.
La interna panista para definir a los candidatos a jefes delegacionales tuvo lugar a mediados de febrero pasado. Para Miguel Hidalgo, además de Pascoe Pierce y Miguel Errasti, estaban inscritos el ex director de gobierno, Pablo Reyes Reyes, y el diputado Guillermo Huerta.
El rival a vencer, sin duda, era el ex funcionario “sodista”, quien además había tejido una extensa red de apoyos, sobre todo en las colonias populares de la demarcación. En ese contexto fue que Errasti promovió la queja en contra de Pascoe Pierce, al que recusó por haber ostentado anteriormente un cargo directivo en otro partido político (entre 1993 y 1996 ocupó la secretaría de Comunicación y Propaganda del CEN perredista, y en el trienio siguiente fue secretario de Planeación).
Para pasar de adherente a activo debía cumplir requisitos “especiales”, dado su pasado perredista.
Hasta mayo, tres meses después de que Errasti fuera proclamado como candidato oficial, fue cuando la Comisión de Vigilancia del Registro Nacional de Miembros examinó la queja contra Pascoe y la declaró fundada.
El ex funcionario delegacional no supo del procedimiento en su contra hasta el 18 de julio, cuando recibió la notificación oficial de su baja partidista. Dado que actualmente está en curso el “refrendo” del padrón de militantes en el PAN, puede tramitar un escrito de inconformidad y atenerse a veredicto de la Comisión de Vigilancia del Registro Nacional de Miembros.
En vez de eso, Pascoe Pierce decidió recurrir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para solicitar la protección de sus derechos políticos, pues no cree en la imparcialidad de la Comisión de Honor y Justicia del CEN panista. Y está convencido de que ha comenzado una cacería de brujas al interior del partido para castigar a quienes consideran responsables de la debacle electoral.
Los hechos le dan la razón: el Comité Directivo del PAN en Guanajuato hizo pública su determinación de sancionar a aquellos militantes del partido –activos y adherentes– que hayan apoyado a otros partidos durante las pasadas elecciones.
En aquellas tierras, el PAN tuvo serias dificultades para refrendar la gubernatura y perdió en León, bastión del yunquismo. La decisión parece tener un destinatario indubitable: el ex presidente Vicente Fox Quesada.
La dirigencia blanquiazul en Guanajuato apela al artículo 16 del Reglamento de Aplicación de Sanciones, que contempla la expulsión para aquellos militantes que hayan apoyado “a candidatos postulados por otros partidos en elecciones en las que Acción Nacional contienda con candidatos propios”.
“En lo que se refiere al caso del Licenciado Vicente Fox Quesada, el CDE realizará el procedimiento conforme lo establece el CEN. En primera instancia, tiene que ser canalizado de manera formal para que sea analizado por la Comisión de Asuntos Internos del PAN estatal”, establece este anuncio.
Los culpables de la derrota, en resumen, serán enjuiciados.
EFECTOS SECUNDARIOS
PRECISIÓN. De la oficina de José Antonio Meade Kuribreña surge la comunicación que puntualiza que el secretario de Hacienda y Crédito Público no posee un reloj Oak Royal de la firma Audemars Piguet. A eso nos atenemos.
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Respecto a Cuernavaca, aqui con pintar los postes de alumbrado se hubiese notado su presencia pero ni eso hicieron. Son tantas las carencias en todo sentido que la mínima obra deslumbra a cualquiera, pues ni eso se molestaron en realizar. La gente en general se expresa muy mal de las administraciones panistas porque la extorsión al transportista, al taxista, a cualquiera fue tal cual como en administraciones priistas. Tuvieron la mesa puesta, la ciudadanía confió plenamente y solo vinieron a enriquecerse y a prometer y eso, eso lo hace cualquier administración priista.
El candidato panista a gobernar este Municipio prometió no cobrar salario en caso de ganar y ese tipo de promesas tan extrañas no despertó el menor interés en el ciudadano común.