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La corrupción y las marchas callejeras

Enviado por en 26/07/2012 – 00:55 2 Comentarios

Carlos Blanco

Salvo Gabriel Cuadri que desconcertado confió que no sabría qué hacer para combatir la corrupción y de que Josefina Vázquez Mota calificó al PRI como el autor de toda la deshonestidad que agobia al país, los otros dos personajes que compitieron en el anterior proceso comicial, el priísta Enrique Peña Nieto y el representante de la izquierda, Andrés Manuel López, sí se comprometieron a combatir la corrupción, ese cáncer que lacera a la nación.

El entonces candidato presidencial de la izquierda se pronunció por emprender una “renovación moral de la sociedad”, pero sin detallar cuáles serían las herramientas de que se valdría para erradicar esa enfermedad endémica que padecen los mexicanos desde hace siglos y, que de acuerdo al Foro Económico Mundial (FEM), su costo en México equivale al 9 por ciento del producto interno bruto, mientras que las empresas erogan hasta diez por ciento de sus ingresos en sobornos.

De acuerdo a una encuesta que aplicó el FEM entre 12 mil directivos empresariales en todo el mundo, “la corrupción es el segundo factor más problemático para hacer negocios en México”.

Pero vamos pues, quién le podría creer a López Obrador que en verdad le preocupa la lucha contra la corrupción si él mismo es deshonesto consigo mismo. O acaso cuenta con autoridad moral una persona que se pronuncia en contra de la desviación de recursos públicos para las campañas políticas, cuando él mismo se ha valido de ese tipo de irregularidades para mantener su imagen vigente desde hace más de diez años.

Varias personalidades que durante mucho tiempo han militado o militan en el PRD han evidenciado la forma en como opera el tabasqueño para avanzar en el terreno electoral. ¿Quién lo ha denunciado? Para no ir tan lejos basta con mencionar a Rosario Robles, que recientemente manifestó que López Obrador carecía de autoridad moral para descalificar a Peña Nieto, siendo que cuando ella fue jefa del Gobierno de la Ciudad de México, el líder de la izquierda le exigió que utilizara recursos públicos para la compra de despensas que serían utilizadas con fines electorales.

Peña Nieto también se valió de esa preocupación que impide el crecimiento del país, para ganarse, dentro del contexto de la campaña electoral, la simpatía de los votantes, y propuso la creación de la Comisión Nacional Anticorrupción, para instrumentar políticas públicas, para erradicar este problema con la participación de la ciudadanía.

Pero ni el PRI, ni el PAN, ni el PRD han hecho algo contundente para acabar con la corrupción. En 1982, el presidente Miguel de la Madrid se comprometió a erradicar la corrupción. Se creó la Secretaría de la Contraloría y se hicieron una serie de adecuaciones a la ley para sancionar a los funcionarios corruptos.

Pero han transcurrido más de 30 años de la implementación de aquellas medidas y de que en ese lapso políticos de diverso calibre e ideología se han comprometido a erradicar la corrupción, y realmente no se aprecia que México esté libre de esa epidemia.

El año pasado, de acuerdo a Transparencia Mexicana, en los tres primeros años en que Felipe Calderón estuvo en el poder, el costo de la corrupción se incrementó en México en 32 mil millones de pesos.

Pero no todo está perdido, es un aliciente que todavía la clase política diga que se preocupa por la corrupción, aunque suene a demagogia. En todo caso lo que tiene que preocupar es que la ciudadanía en general permanezca un tanto ajena a ese tema.

Todos los días nos enteramos acerca de las múltiples marchas que se realizan en diversas ciudades de la República Mexicana, últimamente inducidas por la izquierda, para demandar la anulación de las elecciones presidenciales. Pero cuándo hemos visto que cientos de miles de mexicanos se desborden por las calles de las grandes capitales para demandar que culmine la corrupción que prevalece en México. ¿Cuándo?

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