La hoja seca
- ¡Estás diciéndome una mentira!
- ¿Cómo lo sabes? No es cierto.
- Lo sé y lo sabes. Estás mintiendo.
- Si dices que miento, dime entonces cuál es la verdad.
- No la sé.
- Eso prueba que no miento.
Falso. Eso prueba que no sabe cuál es la verdad. Puedo saber que una cosa es mentira, aunque no conozca la verdad. Acerca de un hecho, verdad hay una; mentiras, tantas como la imaginación invente.
Durante el proceso electoral que sigue pasando, todos los mexicanos perdimos otra vez la oportunidad de dar unidos un paso al frente. Sin saber exactamente qué parte de lo que se dice es cierto y qué parte falso, tenemos la certeza de que las elecciones estuvieron llenas de violaciones a la ley. Lo sabemos como hemos sabido tantas cosas que los medios callan, o que dicen luego de mucho tiempo. Lo sabemos.
Cuando surgieron las impugnaciones y las pruebas de ilegalidades, robó pantalla una declaración realmente sorpresiva de las instituciones electorales: sí, efectivamente hubo compra de votos, pero no habrá sanción porque no hay certeza de que hayan influido en los resultados. Dejando de lado lo absurdo de esa afirmación, destaca el atrevimiento de los funcionarios para decirla. Más que el hecho de hacer esa declaración, más que el contrasentido acostumbrado de que “hay culpa pero no culpable”, lo que golpea el espíritu nacional es darse cuenta cómo nos ven los del poder nacional.
Entre ellos y el verdadero México, la comunicación está rota. Quien nos dice algo así de absurdo y sin sentir vergüenza, es porque nos ve incapaces de actuar, porque sabe que nos damos cuenta, sabe que no haremos nada y también sabe que aunque queramos hacer algo, no podemos. Nuestras instituciones nos otorgan el mismo valor que al ladrido nocturno de un perro lejano, a una mosca que sale por una ventana, a una hoja seca en el suelo: ninguno. Y para que exista comunicación es preciso que ambas partes se reconozcan como interlocutores. No es el caso. ¿Por qué ese desprecio por la ciudadanía, que en una verdadera democracia es la que gobierna?
Si nos valoraran como ciudadanos, nos concedieran el estatus de interlocutores, forzosamente dejarían de abusar de nosotros. Y eso es a lo que se niegan, como partes de un aparato. El aparato oprime, exprime, devora, y ninguno de sus componentes puede permitir que un acto de su consciencia detenga la maquinaria. Eso explica su negación de conciencia, que les lleva a emitir declaraciones como tantas que hay cada día, a eso se debe la sonrisa sarcástica con la que responden a las demandas. A sus ojos no merecemos ser tomados en cuenta, no merecemos saber la verdad, no merecemos decidir ni tener opinión. Este es el divisor más filoso que podríamos tener como nación: el desprecio.
En las elecciones pasadas perdimos el paso… otra vez. Pero un dominado no puede hacer lo mismo que hace el dominador, no puede decir que “nadie es culpable”, porque en ese momento, cuando el dominado imita al dominador, se cierra el círculo y el destino del esclavo. Se consuma nuestra posición de hoja seca en la banqueta.













Poncho este país esta en mano de ineptos porque cada día que buscas mejorar y resolver la problemática política , si hubo 50millones de votos me pregunto no llegan ni a 50 los que nos controlan, como es eso posible? Donde estamos los borregos que envían de carne de cañón a hacer activismo, que sabemos es completamente en busca de sus propios intereses, solo los,intereses materiales prevalecen, y el espíritu patriótico ni se conoce, ni el amor por su propia historia por que no la conocen .
Solo hay cuatro vertientes sobra las que este paíse debiera trabajar, el campo, la pesca, el turismo y la minería, y para ello no se necesita el complejo sistema legislativo que tenemos. Ni las complicadas leyes que solo se emiten para hacer ellos negocios de partido.
Un saludo