Maderitos
¿Fracasarán las intensas negociaciones de las últimas semanas? En vísperas de que los consejeros nacionales del PAN acudan a una sesión que ha tomado tintes definitorios, aun queda la duda de que ese cónclave termine en un zipizape, no sólo porque aun se mantiene la convocatoria a grupos “diferentes” al calderonismo, para presentarse a las afueras de la sede nacional para exigir que rindan cuentas los responsables de la debacle electoral de la organización derechista.
¿Prosperará la “rebelión de los enanos”? El jefe nacional del blanquiazul, Gustavo Enrique Madero Muñoz, anda en plan de revancha. Justificadamente. Superada la intentona que quiso ponerlo afuera de la presidencia nacional del PAN (lo habría sustituido el ex secretario de la Función Pública, Salvador Vega Casillas), el senador por Chihuahua igualmente ha podido frenar los intentos de “refundar” al partido, auspiciados por el presidente Felipe Calderón Hinojosa. Y parece contar con los apoyos suficientes para evitar que la plenaria que inicia mañana, apruebe la propuesta de convocar a una Asamblea Nacional Extraordinaria, en los próximos 90 días.
Los calderonistas pierden terreno. La intentona de dejar a José González Morfín al frente del grupo parlamentario del PAN en la Cámara de Diputados ha fracasado estrepitosamente y si bien el liderazgo de Ernesto Cordero está fuera de cualquier discusión, no contará con el respaldo total de un grupo de senadores, identificados con el ala tradicional del partido.
La disidencia interna equivale al anticalderonismo. Y el árbitro de esas controversias, el presidente Madero, puede pecar de parcial. Es un personaje que el calderonismo no supo descifrar.
Además de la liga directa con una de las familias más emblemáticas de la Revolución Mexicana –sus tíos abuelos Francisco Ignacio y Gustavo Adolfo estuvieron detrás del lanzamiento del Plan de San Luis y fueron mártires en la Decena Trágica– Madero está emparentado con los Terrazas, uno de los linajes más adinerados del norte del país.
Más que antecedentes panistas, en su familia tenían un acendrado anti priismo y de hecho, una de sus hermanas se cuenta entre las fundadoras del PMS en Chihuahua.
Fiestero, enamoradizo, Gustavo Enrique era el rebelde de los Madero Muñoz, una familia de siete hermanos. A finales de la década de los sesentas, no obstante el conflicto estudiantil, quiso estudiar la
preparatoria en el Distrito Federal y para sorpresa de muchos después se fue a Guadalajara, para matricularse con los jesuitas y especializarse en ciencias de la comunicación.
Fue el último de los caprichos que le cumplió su familia, que lo obligó a regresar a su casa, cuando dio señales de querer sentar cabeza en la Perla Tapatía.
Más que adoptar el rol del típico empresario norteño, quiso trabajar. Incursionó en el mundo de la mercadotecnia –laboró en Ferrer y Asociados– y posteriormente comenzó a hacer carrera dentro del capítulo local de Coparmex.
Incursionó a la política, de la mano de Francisco Barrio Terrazas. Acumuló dos derrotas consecutivas, en la búsqueda de la presidencia municipal de Chihuahua capital, y en el interin fungió como director general de planeación y evaluación de la administración estatal.
Hasta la elección del 2003 fue cuando Madero logró triunfar en las urnas, cuando ganó los comicios por la diputación federal en el distrito IV, por apenas 350 votos, contra el priista Pedro Domínguez Alarcón. En San Lázaro, presidió la Comisión de Hacienda y Crédito Público.
En el 2006 se convirtió en senador y a finales del 2010 compitió por la dirigencia nacional del PAN, respaldado por un sector del calderonismo… el mismo que ahora lo combate. Y es que concentrados en lo que haga (o deje de hacer) el senador Madero, los calderonistas han descuidado otros ámbitos. No se han dado cuenta de que en los últimos tiempos se ha consolidado un “eje del mal”, que tiene como personajes centrales a los ex gobernadores de Guanajuato, Juan Manuel Oliva y Juan Carlos Romero Hicks, además de una facción del panismo norteño que está personificada por el ex secretario del gobierno de sonora, Héctor Larios.
De este primer escarceo, lo más probable es que Ernesto Cordero quede como coordinador de los senadores panistas y que Luis Alberto Villarreal se haga cargo de la bancada blanquiazul en San Lázaro, lo que dejaría como principal damnificado a José González Morfin. Cualquier otro resultado significaría la debacle del postcalderonismo.
Si prospera la asonada contra el grupo del Presidente Calderón, quedaría el ex secretario de Hacienda como coordinador parlamentario, pero veríamos a Roberto Gil, o en su defecto a Ernesto Ruffo, en la presidencia de la mesa directiva de la Cámara Alta. Esa es la moneda de cambio.
Sumido en errores tácticos, el grupo calderonista insiste en promover un ejercicio de “reflexión” que permita distinguir al PAN las causas de la derrota en las elecciones del pasado 1 de julio. Quiere que el partido retome sus valores y principios fundamentales, que revise sus mecanismos de afiliación, sus métodos de selección de candidatos y los sistemas de elegir a los dirigentes.
Mientras a los calderonistas les urgen los cambios, a las corrientes tradicionales no les conviene un ajuste. Este fin de semana puede darse el punto de quiebre…
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