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El PRI no traerá algo mejor

Enviado por en 19/08/2012 – 00:01 Un Comentario

María Elena Ramos
Después de 70 mil muertos, las viejas élites cancelaron el contrato a los panistas. Han de haber pensado: si esa es su manera de gobernar, a la vuelta de la esquina tenemos una revolución social. Sin embargo, el eventual retorno del PRI a la Presidencia, no traerá algo mejor.

Los poderes fácticos, incluidos los viejos empresarios, que tienen puesta la esperanza en el tricolor, se van a encontrar con algo parecido a lo que ocurrió en el inestable siglo XIX con Antonio López de Santa Anna: convencidas las élites de que el militar era el único que tenía una suerte de capacidad de convocatoria unificante, lo regresaron 11 veces a la Presidencia, en un retorno que resultó cada vez peor.
El PRI no va a poder, no lo está haciendo. No existe más el Estado fuerte, la Presidencia fuerte en que está basado el político priísta. Los poderes regionales son muy autónomos, las inversiones extranjeras poderosísimas. La Presidencia hoy no tiene los recursos económicos, ni la gente, ni la relación con la prensa como antes. No existe más su armazón. Los que los apoyaron se van a dar cuenta de que no son mejores para hacer la tarea que los panistas.
Las ideas son de Ilán Semo Groman, historiador político y catedrático de la Universidad Iberoamericana. Platicó con SinEmbargo sobre el eventual regreso del PRI a Los Pinos, los errores y obsesiones del PAN, el concepto de hegemonía como uno que permite medir la talla de los políticos, y sobre algunos presidentes y líderes mexicanos a través de la historia.
De acuerdo con su visión: los doce años del PAN en Los Pinos constituyeron una apuesta de gobierno absolutamente pobre, que se basó en la radicalización del modelo económico del salinismo y en la obsesión por acabar con la izquierda. Los panistas desperdiciaron además laoportunidad histórica de poner fin a la cultura política priísta y contribuyeron al eventual regreso al poder del mismo PRI, que parece haberse conservado como en congeladora.
Y si es por haber actuado a favor del PRI, “al que tendrían que expulsar del PAN no es a Vicente Fox, sino al Presidente Felipe Calderón, que sacrificó a su partido abriendo la Presidencia de la República, desde Los Pinos, a Enrique Peña Nieto”, afirma.
El encono del PAN hacia la izquierda, lo llevó a buscar al PRI no para encontrar una alianza, sino para unirse en un matrimonio disfuncional y todo para no establecer un entramado con el sector de la izquierda que cuenta con 35 por ciento del voto nacional; para no darle el acceso al poder y conservar el mismo sistema económico. “Prefirieron la historia individual a la historia de su partido”.
Pero en el regreso del PRI al poder también tienen responsabilidad las izquierdas. Entre esas dos fuerzas que impulsaron la alternancia, la transición democrática, nunca se cristalizó una trama, donde hubiese un common sense, de que pertenecían a algo conjunto. No tuvieron la capacidadde haber visto que representan el siglo XXI; siempre se vieron como enemigos, mucho mayores que con el PRI.
De hecho, el orden hegemónico en México, sigue siendo el propuesto por el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari, a partir de 1988, dice Semo, licenciado y maestro por la Universidad Humboldt de Berlín.
“ A pesar de los rotundos fracasos económicos, de su enorme incapacidad para modernizar al país, las élites gobernantes siguen totalmente atrapadas, seducidas por el modelo salinista, el embalaje y sus ideas:los principios basados en el individualismo, el empresarialismo, la educación privada, el elitismo, a pesar de que si se compara con el desarrollo estabilizador, es un fracaso tras otro.
“A 24 años de Salinas, el panismo tomó el modelo económico tal cual, no le cambió nada básicamente. Uno esperaría de un partido con arraigo católico social que hubiese pensado las cosas de otra manera y no lo hizo”, asevera.
-¿El saldo?
“Un país desarticulado, un Estado desvencijado, no hay estado de derecho, la violencia que conocemos…La democracia llegó en pañales y se acaba de ir para atrás. No hubo una reforma política sustancial. El modelo económico no se tradujo en una economía como la brasileña, la china, la hindú, qué es donde México debería estar peleando”.
Hegemonía, dice, es la clave que distingue a un gran político o un grupo de ellos de otros menores. Hegemonía, entendida como la capacidad de convertir a la política en una explicación de la vida cotidiana y cultural de un país.
Un grupo hegemónico tiene una función esencialmente cultural, tiene que ser capaz de transformar su visión particular en la visión de conjunto de toda la nación, ese es un líder, líderes. En cuanto a producción de hegemonía nacional, los panistas en el gobierno “de eso no tuvieron, pero ni un centímetro”, señala con vehemencia.
Historiador con estudios de posgrado también en la UNAM, Ilán Semo, estima que en nuestro país han existido tres grandes grupos políticos hegemónicos: el liberal, con Benito Juárez; el del Porfiriato y el grupo sonorense, en el que incluye a Lázaro Cárdenas, por haber sido designado por Plutarco Elías Calles.
Juárez que, a pesar de todos sus errores, tiene la extraordinaria virtud de “encarnar efectivamente el interés nacional, sin la existencia del Estado. El Estado iba en la carroza”, ríe. Juárez, quien prácticamente rehizo un país, que había sido prácticamente decretado en 1861 como inexistente en la geopolítica mundial.
El Porfiriato de los primeros 15 años, que modernizó al país, “que tuvo la idea de convertir al Estado en una suerte de empresa grandota y les funcionó durante tres décadas”. Pero, al convertir al Estado en un promotor, no tanto de bienestar, sino de la industrialización, acaba en guerra y violencia.
En este punto, el director de la revista Fractal, compara el liberalismo de Porfirio Díaz, con el de ahora que, si bien es muy diferente:
“Produce una élite que pierde toda sensibilidad frente a la mayor parte de la sociedad. El liberalismo es totalmente ciego a las identidades colectivas, sociales, comunidades indígenas, etcétera. Está convencido de una manera profunda, dogmática de que el individualismo es lo que identifica a los mexicanos. Y, el Porfiriato se topó con un dique que fue perturbado totalmente y que se alzó en armas”.
Caudillos muy autoritarios, pero con una enorme sensibilidad social y originalidad, fueron los sonorenses (Obregón, Calles, Cárdenas). “El Estado que creó la Revolución Mexicana no tiene ningún símil en el mundo. Los liberales de 1857 sí trataron de imitar a los europeos, esa es la verdad. Igual que el neoliberalismo, Salinas de Gortari y todos ellos. Pero el de la Revolución Mexicana, aunque con muchas influencias, fue un discurso muy interno, muy propio”.
Gente que sin gran formación académica fue sensible. Por ejemplo, “Calles no necesitó saber mucho de pintura para entender que Diego Rivera era un gran pintor y que tenía que darle un espacio para que pintara unos murales en los cuales se identificó el orden simbólico de una sociedad entera. Nos guste o no Rivera, esos murales son la primera historia gráfica de México para cientos de miles”.
Líderes que se rodearon de un grupo de intelectuales fundadores del muralismo, la universidad, la educación técnica, los grandes periódicos. “Eso es hegemonía”, afirma.
Bueno, eso era cuando el Estado no estaba desvencijado, como dice Semo.
-¿Reforzar, articular, consolidar el Estado Mexicano?
“No van a poder”, reitera Ilán Semo.

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Un Comentario »

  • Jorge E. Luján dice:

    Estado desvencijado, ¿así lo dejaron las dos administraciones panistas? Al salir el PRI de Los Pinos Fox encontró un Estado articulado, poderoso. Pero los gobiernos estatales buscaron independizarse del control mágico y total del Presidente de la República y aprendieron a actuar con independencia.
    Entonces el único logro del PAN fue descomponer lo que al PRI le tomó años y con estupendos resultados. Pero la caída de votos a favor del tricolor se notó desde la votación en que ganó De La Madrid porque López Portillo no tuvo contrincante político. El PAN aportó para sus integrantes de manera MUY individual pero no para su partido; la izquierda mexicana se niega a modernizarse, a integrarse y el PRI toma un segundo aire con su eterno chambelan, los formales y bien portados azules. Fieles lazarillos.
    Un Estado desvencijado con actores acabados que interpretan una y otra vez el mismo papel y con el mismo dialogo. Un PRI que no termina de definirse políticamente, una izquierda que muy a pesar de su ‘curiosa’ organización mantiene importantes bastiones y una derecha que no sabe ni con quien bailar la siguiente pieza en el cansado y agobiado show político mexicano. Vaya fiesta, vaya lista de invitados. Y el público creo que ya no sabe a donde o a quien dirigir sus aplausos.

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