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Que no se sepa

Enviado por en 20/08/2012 – 00:01 Un Comentario

Alfonso López Collada

Dos eventos recientes coinciden en su esencia: el rechazo del gobierno británico al asilo que le concede Ecuador a Julian Assange, y la declaratoria del TRIFE sobre las pruebas para demostrar la compra de votos. En ambos casos las instituciones involucradas ignoran los principios y las leyes que les rigen, e incluso los violan escandalosamente.
El gobierno de Londres recién hospedó los Juegos Olímpicos que, si bien involucran un jugoso negocio que los mantiene en marcha, en los deportistas y espectadores del mundo se conserva ese espíritu de igualdad entre países, de respeto, dejando libre al camino a la comparación únicamente de destrezas deportivas. Pero no, el reino olvidó la camaradería, se enojó y sus funcionarios y monarcas antepusieron su supuesto orgullo (en el fondo hay más) a los tratados internacionales de los que han sido constantes promotores. Inglaterra repite la postura de los Estados Unidos: hacer marcos legales mundiales para que todos los países firmantes respeten el compromiso adquirido, pero ellos sólo que les acomode para sus fines.
El Tribunal Federal Electoral recibió toneladas de pruebas, que llegaron al detalle insólito: los animales que supuestamente (es más que verosímil) regalaron los peñistas a electores para comprar votos. Aparte de ese punto extremo se les entregaron videos de bodegas hasta el techo de materiales de construcción, testimonios, facturas, boletas, tarjetas de comercios, en fin… Aunque en el ámbito ciudadano, fuera del marco legal, las pruebas no hacen falta -porque esta práctica la inauguró el PRI hace décadas-, dentro del marco legal lo presentado sustentó las acusaciones. Bien saben los juzgadores que hubo compra de votos, eso tampoco lo duda la inteligencia ciudadana.
En esencia, ambas posturas hacen lo mismo: pisar la verdad, pisar los derechos, pisar los principios que juraron respetar y manifiestan ante la prensa, y avalan la ilegalidad; legitiman con sus actos lo que condenan ante los micrófonos.
Londres reacciona contra la decisión de Quito porque se trata de alguien que ha ventaneado al gobierno inglés a través de los cables revelados a nivel mundial por Wikileaks. El TRIFE, brazo ejecutor del Gobierno Federal creado so pretexto de resolver las ilegalidades en los procesos electorales de México, también uso su poder para callar bocas que también ventanean y hacen enojar a Los Pinos. Así que en ambos casos se busca lo mismo: “que no se sepa”.
Este ocultamiento de la verdad no es, como frecuentemente se disfraza, algo sin mucha importancia; no es una mala costumbre de un niño, no cae en la clasificación de “mentiras blancas”, no es para dejarlo pasar y guardarlo en el cajón del olvido. Es una estrategia delincuencial que, en el caso de México, además de pisar el derecho a la información -consagrado en la Constitución- es complicidad directa en un proyecto vivo.
El plan comienza en las escuelas, aliadas en la vergonzante tarea de sembrar en el pueblo la ignorancia, y así minar su capacidad de razonamiento. Sin análisis no hay conciencia, y sin ésta no puede darse el impulso de cambio.
Ese es el punto: que nada cambie, que Inglaterra siga siendo imperio aniquilador, que México siga siendo un país en el que los bolsillos de los que más tienen se llenan pero no por sus capacidades, sino por el hambre que se sufre en la otra punta del espectro como consecuencia de la corrupción que impera en las cúpulas.
En síntesis: los gobiernos no ocultan la verdad por vergüenza, sino por sistema para que nada cambie… porque cuando a nivel banqueta se toman acciones, todo cambia. Claro, está canijo que eso pase… pero llega a pasar.

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